More than a Barbershop

La primera vez que Xandru Fernández (Grao, Asturias, 1980) entró en el local se dio cuenta de que allí había una historia que contar. Puso sobre la pista a Fernando Otero (La Bañeza, León, 1980), fundadores ambos de la productora 1844 Times Projects, y decidieron contarla al resto del mundo mediante el documental “More than a Barbershop”, rodado en la barbería de Abner. Ni siquiera sus propios autores podían imaginar la acogida que el documental está teniendo en distintos festivales, tanto europeos como americanos.

La primera vez que paseas por Dublín te sorprende la música. En cada plaza, esquina, en los largos tramos peatonales, en el paseo a lo largo del río se suceden todo tipo de géneros y estéticas musicales. Pero lo que resulta más llamativo es la dignidad, concentración y profesionalidad con la que todos los músicos callejeros se toman su trabajo.

Esta historia solamente puede ocurrir en una ciudad como Dublín. El pequeño local que ocupa la Abner Browns Barbershop, una peluquería situada en la zona sur, en el barrio Rathmines, se ha convertido en un icono de la música en directo. La casualidad llevó hasta allí a dos amigos españoles residentes en Dublín tras la mala experiencia de uno de ellos con un corte de pelo en otra peluquería. La primera vez que Xandru Fernández  (Grao, Asturias, 1980) entró en el local se dio cuenta de que allí había una historia que contar. Puso sobre la pista a Fernando Otero (La Bañeza, León, 1982), fundadores ambos de la productora 1844 Times Projects, y decidieron contarla al resto del mundo mediante el documental More than a Barbershop, rodado en la barbería de Abner. Ni siquiera sus propios autores podían imaginar la acogida que el documental está teniendo en distintos festivales, tanto europeos como americanos.  ¶  Desde El Cuaderno hemos mantenido varios contactos con Fernando Otero y con Xandru Fernández para celebrar sus logros y proponerles contar el comienzo de esta aventura, el momento en que una historia está a punto de convertirse en una historia. Este es el making off de algo más que una peluquería.

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Sábado, 8 de la tarde. Irlanda. Sur de Dublín. Barrio de Rathmines

/ por Fernando Otero y Xandru Fernández  /
/ texto revisado por Tomás Hevia /

Fuera está oscuro, llueve, sopla el viento y hace frío. Nada nuevo. Casi todo el mundo camina por la calle huyendo del agua excepto un pequeño grupo de fumadores que se amontona junto a la puerta de un local. Una luz tenue ilumina la acera.

Al entrar, el calor te recibe amablemente. También lo hace Dave, el anfitrión, luciendo su clásica camisa de cuadros y su gorra.

—Hey, welcome! Come on in and make yourself at home.

Dentro ya hay unas cuantas personas. Algunas charlan animadamente y otras se afanan por acabar los preparativos. Ya está casi todo listo.

El local es alargado, rectangular, la puerta queda atrás. Todos los muros están cubiertos de pósteres, fotos, discos de vinilo e instrumentos musicales. También hay un tocadiscos con bastante tralla que parece que todavía funciona. A la derecha puedes saludar a Dexter Gordon, a Kurt Cobain, a Philip Lynott y a un saxo tenor que está apoyado en la esquina.

—What’s up, Patrick! Good to see you, long time since you didn’t come over! Come on in, this is about to start.

Dave no para de moverse entre la gente, saludando aquí y allá. Habla con todo el mundo:

—The spotlights ok? Are they ready?

En otra pared asoman The Who, The Clash, Charlie Parker

Entra más gente que, tras saludar a Dave, saca de una bolsa una botella de vino y unas copas.

—Where is the corkscrew? —preguntan en alto.

Suena música de fondo avivando aún más el ambiente. Ya hay gente sentada en unas improvisadas hileras de sillas, de espaldas a la puerta de entrada.

Uno de los muros del local parece estar completamente fuera de lugar. Desde él no te observa ningún rockero de Nueva Jersey con una camiseta blanca ni ningún cuarteto de satánicas majestades. En él solo hay una hilera de espejos rectangulares más propia de un camerino de teatro que de un garito de música. O quizás, pensándolo mejor, esa es la única pared que tiene sentido en todo el local y lo realmente extraño es todo lo que la rodea. Y es que la verdadera profesión de nuestro anfitrión, Dave, es la de barbero y donde nos encontramos es en su lugar de trabajo: Abner Browns Barbershop.

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Dave Judge

Dave Judge es un apasionado de la música que un par de meses antes había tenido la disparatada idea de hacer unos miniconciertos en su negocio. Había decidido que, aunque fuera con una periodicidad no muy estricta, qué mejor lugar para organizar conciertos que su propia barbería. Ocio y negocio bajo un mismo techo. Acondicionó su peluquería como una pequeña sala y añadió unos focos, amplificadores y demás parafernalia técnica y se lanzó al vacío.

Miles Davis, Johnny Cash, Jimi Hendrix

No hay anuncios ni carteles. La entrada, gratis. La organización de los conciertos es bastante espontánea, aunque con no poco curro por parte de Dave. Para asistir como público simplemente hay que estar atento. En la página de Facebook de Abner Browns Barbershop se anuncia la fecha y la hora del próximo concierto. Algunas veces con días de antelación, otras con apenas minutos antes de que todo arranque.

Como uno se puede imaginar, las leyes irlandesas no son particularmente propicias a la hora de transformar temporalmente una barbería en una sala de conciertos. Las licencias para vender alcohol son demasiado caras, sobre todo si ese no es tu negocio, y Dave pasa de jugársela. Solución: los lavacabezas se llenan de hielo y botellas de cerveza y sírvase usted mismo.

Buena música y entrada y cervezas gratis. Esto pinta bien.

—Hi Sean! How is Mary doing? Come on in and grab a beer.

El objetivo de todo esto no es más que juntarse y disfrutar de una tarde de música diferente y divertida. Quizás el adjetivo correcto para acompañar a «tarde de música» sea alternativa, pero la palabra ya está demasiado manoseada. Interés comercial: cero. Los músicos no se llevan un duro (la birra gratis no cuenta como pago en especie), no se hace publicidad en la barbería y ninguna empresa empapela el local con su logo. ¿Es esto quizás lo que lo convierte en algo aún más especial?

Además, que todo esto tenga lugar entre tijeras, peines, sillones de peluquero, lavacabezas, sillas de espera y rodeados de John Fogerty, Bob Marley y David Bowie hace que sea único, que tenga un sabor particular, absurdo, improvisado, original.

—Come inside, fellas, what a fricking day out there. It is far better inside.

Esta noche, entre los asistentes, se mueve nerviosa una chica. Parece que ha habido un cambio de guión de última hora y que en lugar de haber una actuación, como estaba planeado, habrá dos. Se ha decidido sobre la marcha. Ella pide prestada una guitarra acústica y se apresura a buscar un afinador. No venía preparada para tocar pero nunca se sabe cómo puedes acabar si te vas a tomar una cerveza a una barbería. Hay varios asistentes que tienen en su móvil una aplicación para afinar instrumentos. La tecnología acude al rescate.

Al lado del improvisado escenario, ultiman su trabajo un par de cámaras que inmortalizarán el evento grabando y fotografiando. Dave toma la palabra, coge el micrófono, nos agradece nuestra presencia y nos presenta a la primera cantante de la tarde. No se oye una voz entre los asistentes. Ella acaricia suavemente las cuerdas de la guitarra acústica y rasga el silencio con un sonido limpio y claro. Grata sorpresa, sobre todo para los que acuden por primera vez. Al fin y al cabo, esto es solo una peluquería.

Neil Young, Janis Joplin, Robert Johnson.

La cantante nos cuenta que ella forma parte de una banda, pero que compone sus propias canciones, de un estilo diferente a su grupo, y que le parece que ese es un buen momento y un mejor lugar para dar a conocer sus composiciones. A todos nos parece también un buen momento y un mejor lugar. Canta unos cuatro o cinco temas. Cortes melódicos, de estilo recogido, sencillo, naif. Letras profundas sobre grandes temas vitales. Escuchamos reflexivos y la despedimos con una ovación cerrada.

Todo está listo de nuevo. Dave se vuelve acercar al escenario para presentar a la banda principal de la tarde. Dos músicos irlandeses. Una guitarra y un teclado. Los dos cantan y se intercambian los instrumentos entre canción y canción. Acaban de llegar de Estados Unidos de grabar su cuarto álbum y están encantados de estar con nosotros.

Mientras se prepara el tema técnico para el siguiente grupo se realiza un pequeño descanso.

¡Tiempo para coger una cerveza fría!

Entre trago y trago me doy cuenta del silencio que ha acompañado toda la actuación. Un silencio hondo, hermético, casi místico. No conozco a nadie en la sala, pero no me encuentro solo y, a riesgo de sonar como un libro de autoayuda, me da la sensación de que no soy el único que comparte la sensación.

—This girl knows how to sing, right? —comenta un chaval a mi lado.

Todo está listo de nuevo. Dave se vuelve acercar al escenario para presentar a la banda principal de la tarde. Dos músicos irlandeses. Una guitarra y un teclado. Los dos cantan y se intercambian los instrumentos entre canción y canción. Acaban de llegar de Estados Unidos de grabar su cuarto álbum y están encantados de estar con nosotros. Dato de interés (o no): el cantante principal lleva varios años cortándose el pelo en Abner.

Excelente sonido. La música suena y de nuevo la gente guarda silencio y disfruta. Se vuelve a crear esa atmósfera… Se nota que este grupo tiene experiencia sobre las tablas. Uno de ellos pide que por favor alguien le acerque una cerveza y el otro hace aún más distendido el ambiente al bromear acerca de nuestro barbero. Este responde desde el público y la gente ríe. Tocan varios temas más. Esto no es una sala al uso, así que te puedes olvidar de horarios y de programación.

—I am enjoying this so much that I could sing the entire night. Dave, it is your call, you tell me when this is over.

Tocan un puñado de canciones más y, en la última de la noche, se une el público echando una mano con el estribillo. Difícil imaginar un remate más redondo para tan particular experiencia. Se acaba la música y, como cantara Morrison, «when the music’s over, turn out the lights».

Desde el momento en que nosotros, Fer y Xandru, disfrutamos en primera persona de la experiencia Abner Browns, comenzamos a pensar en que teníamos que dar a conocer algo tan único más allá de las fronteras irlandesas. Juntos trabajamos en un guión y, aunque el concepto en nuestras cabezas parecía funcionar, no supimos que teníamos algo serio entre manos hasta que no empezamos a darle forma por escrito. Sobre el papel nos gustó todavía más.

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Johnny Stewart con Xandru Fernández

Nuestra idea inicial era la de contar la historia de Abner y cómo la pasión de Dave por la música fue capaz de transformar su vieja barbería de barrio en un icono de la música irlandesa. Hablamos con él y le presentamos nuestro proyecto. Aunque inicialmente no se podía creer cómo había llegado al punto en que unos tipos querían hacer un documental sobre su local y su idea de hacer conciertos allí, se entusiasmó con el plan. Al fin y al cabo, como él mismo reconocía, «this is no more than a barbershop».

Con el tren del proyecto ya pitando, acabamos de pulir el guión, estructuramos las sesiones de grabación, preparamos las entrevistas a los protagonistas de la historia y conseguimos todo el material técnico necesario. Tras un tiempo, las grabaciones, exigentes desde un punto de vista de trabajo organizativo, iban sobre ruedas y resultaban muy estimulantes. Eso sí, no todo eran días de vino y rosas a la hora de compatibilizarlas con nuestros trabajos diarios (esos que sí nos dan de comer). A esas alturas todavía faltaban varios pasos antes de llegar a la edición, pero con cada minuto de grabación aquello era algo más que una idea garabateada en un cuaderno.

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Peter Meade

Inciso. Para cualquier cineasta, o incluso para cualquier aficionado a los documentales, todos estos detalles pueden parecer bastante insulsos e irrelevantes. Quizás lo sean. Pero para nosotros, no. Esta era, y es hasta la fecha, nuestra primera experiencia dentro del mundo de los documentales y cada paso que dábamos era terreno desconocido, era nuestro primer «concierto» después de mucho ensayo. Nuestra ópera prima. Fin del inciso.

Inesperadamente sonó nuestro teléfono y los astros se alinearon. Teníamos la oportunidad de charlar con el primer músico que tocó en la peluquería, algo que no estaba en nuestros planes pero sí en nuestros sueños. El canadiense Blair Packham estaba en Dublín para unas sesiones de grabación en el estudio y había que sacar tajada; no todos los días surge la posibilidad de reunirse con una estrella musical en Canadá de los años ochenta que ha trabajado con Bryan Adams, R.E.M. o Stevie Ray Vaughan. Para colmo, un tipo encantador y con gran carisma. Nos recibió en el estudio de grabación y habló animadamente con nosotros. El material que empezábamos a reunir era bastante potente y la idea global del documental empezaba a tener cuerpo.

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Blair Packham

Entrevistas aparte, uno de los mayores problemas al que nos enfrentamos era el de intentar capturar y reflejar la particular atmósfera de la barbería. Esa era la tarea que nos atormentaba, porque dudábamos de si seríamos capaces de transmitir la chispa del lugar, «the good vibrations», que diría Brian Wilson. Al fin y al cabo, lo que queríamos contar era sencillo de explicar, pero no tan simple de transmitir: piensa en tu grupo favorito, mete a ese grupo en una barbería tradicional, junta un público de no más de cincuenta personas que ha estado atento para enterarse de que hay concierto, diles que la entrada es gratis y, por si alguien no está suficientemente convencido, dale una cerveza fría por la cara para que acabe de animarse. Lo dicho, fácil de contar pero difícil de vivir. Por cierto, si el músico que pensaste era Michael Stipe (líder y cantante de R.E.M.), ya llegas tarde, porque ya se pasó por Abner a principios de 2015.

Después de un año de edición terminamos el trabajo. Dieciocho minutos y treinta y tres segundos.

Con el documental acabado, decidimos presentarlo por primera vez en Abner. Fue el sábado 5 de marzo de 2016. Una fecha difícil de olvidar para nosotros. Organizamos una proyección pública acompañada por un concierto de Áine Cahill, una de las jóvenes promesas musicales irlandesas. ¿Tenemos ya las cervezas en los lavacabezas? ¿Sí? Pues adelante.

El éxito fue muy superior al que hubiésemos imaginado en nuestras veladas de rock más calientes. La barbería estaba a reventar. Una de las cosas que más orgullosos nos hace sentir de aquella noche es no solo haber presentado nuestro trabajo en la prestigiosa Abner Browns Barbershop, sino también haber conseguido formar parte de esa atmósfera fascinante mientras nuestro trabajo se exponía y el público disfrutaba de él

El éxito fue muy superior al que hubiésemos imaginado en nuestras veladas de rock más calientes. La barbería estaba a reventar. Una de las cosas que más orgullosos nos hace sentir de aquella noche es no solo haber presentado nuestro trabajo en la prestigiosa Abner Browns Barbershop, sino también haber conseguido formar parte de esa atmósfera fascinante mientras nuestro trabajo se exponía y el público disfrutaba de él. Silencio solemne y respetuoso por momentos. Risas y bullicio en otros. Y al final, fuertes aplausos, como después de cada concierto.

Tras el espaldarazo que supuso la presentación en la barbería nos lanzamos al proceso de distribución a mediados de 2016, otra experiencia completamente desconocida para nosotros. La gran acogida que tuvo nuestra mini-premiere, con un Dave a punto de soltar la lagrimilla, nos empujó a ir más allá. Al fin y al cabo, la proyección en Abner era como dar un concierto para familiares y amigos. Muy placentero, eso sí, pero, después de aquello, nos apetecía hacer una «gira» con el propósito de cumplir nuestro objetivo de llegar a la mayor audiencia posible y comprobar si nuestro trabajo gustaba al público y a los profesionales del cine. Así que nos lanzamos a participar en festivales de cine.

Tras varios intentos, empezamos a recoger el fruto de nuestro trabajo. Varios festivales internacionales de cine en Europa, como el Dublin International Short Film and Music Festival o el Fingal Film Festival, entre otros, incluyeron nuestro documental en sus secciones oficiales. Parecía confirmarse que la historia contada por dos noveles de la barbería de Dave atrapaba a los espectadores y levantaba la curiosidad también de otros directores, productores e incluso organizadores de festivales. Si presentar nuestra ópera prima en Abner fue una satisfacción tremenda, empezar a recibir el interés de festivales internacionales por nuestro trabajo fue algo estratosférico, formidable, colosal. Sí, nos estamos ahorrando adjetivos más gruesos.

Siguiendo una tradición muy irlandesa, Abner Browns también cruzó el Atlántico buscando fortuna. El Sunnyside Shorts Film Festival, en el barrio neoyorquino de Queens, seleccionó nuestro documental entre más de mil doscientos cortos llegados de «casi todos los países del mundo». Esa pequeña barbería de barrio iba a ser conocida en la Gran Manzana. Dave estaba fuera de sí, incapaz de creerse que su historia cautivara de esa manera. Nosotros, ni te cuento. El único pero, no poder acudir en persona al festival. No todos los charcos son fáciles, o baratos, de saltar.

No escuchamos un redoble de tambores ni soportamos silencios infinitos mientras los presentadores abrían el sobre con el nombre ganador. Pero la sensación fue exactamente la misma cuando el lunes 10 de octubre recibimos la comunicación por parte de la organización de Sunnyside de que More than a Barbershop se había llevado el premio al mejor corto documental la noche del sábado anterior.

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Fernando Otero y Xandru Fernández

Por suerte para nosotros, no era preceptivo, ni estar presentes, ni llevar pajarita, ni impostar una sonrisa mientras nos nombraban entre los candidatos. No escuchamos un redoble de tambores ni soportamos silencios infinitos mientras los presentadores abrían el sobre con el nombre ganador. Pero la sensación fue exactamente la misma cuando el lunes 10 de octubre recibimos la comunicación por parte de la organización de Sunnyside de que More than a Barbershop se había llevado el premio al mejor corto documental la noche del sábado anterior.

Actualmente seguimos adelante con nuestro compromiso de dar a conocer Abner Browns a los cuatro vientos, pero no queremos parar ahí. Ya estamos dando vueltas a nuevas historias que contar. Nos encanta hacerlo. Y más aún después de la acogida de nuestro primer corto. Si tuviéramos que contestar a la hipotética pregunta de qué sería lo que más ilusión nos haría después de nuestro primer trabajo, nuestra respuesta sería, aunque caigamos en el tópico, que esto no sea The End.


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More Tthan a Barbershop

Fernando Otero & Xandru Fernández
• 1844 Time Projects
• Dublín, Irlanda, 2015
• 18 minutos.

Intervienen:
• Dave Judge
• Blair Packham
• Johnny Stewart
• Peter Meade

Diseño de cartel:
Raquel Fernández y David Blanco

Proyecciones y festivales:
Abner Browns Barbershop, Dublin  –  Ireland.  March  5, 2016.  Worldwide Private Premiere.
7th Underground Cinema Film  Festival,  Dublin  –  Ireland. September  10,  2016.
Fingal Film  Festival  Fingal  Dublin  Ireland,  Dublin  –  Ireland. October  2, 2016.
Dublin International  Short  Film  and  Music  Festival  2016,  Dublin-  Ireland. October 7,  2016.
Sunnyside Shorts  Film  Festival  2016,  New  York  City  –  United States. October  8, 2016.
Chicago Irish Film Festival, 2017. Chicago – Illinois. 4 Marzo 2017.

Premio:
Mejor corto documental del festival Sunnyside Shorts  Film  Festival, Queens, Nueva York.

Trailer:
https://youtu.be/Npe8uUEDEW4