Gente de Nod

«Gente de Nod», la propuesta de Alejandro Nafría y Emma Cabal, arraiga en esa tierra desde el principio de su planteamiento: personajes nocturnos, imagen en blanco y negro, poema.

Nod, tierra a la que se desplazó Caín, al oriente de Edén, adquiere una alta carga simbólica como icono del malditismo. En el ámbito cultural, Nod sería la marginalidad disidente que adquiere cualquier fenómeno artístico independiente por el hecho de serlo en un mundo tan vigilado como el nuestro. Gente de Nod, la propuesta de Alejandro Nafría y Emma Cabal, arraiga en esa tierra desde el principio de su planteamiento: personajes nocturnos, imagen en blanco y negro, poema.

Fotógrafo él y poeta ella, fusionan sus discursos habituales para generar uno nuevo que resulta altamente especular, atractivo en su rareza múltiple, misterioso en las posibilidades tan certeras del azar. Cada foto es un retrato nocturno y el poema, seleccionado en cada caso por Emma Cabal, viene a continuación como una boda a ciegas. Y hay química.

El resultado de esa complicidad es Gente de Nod, en el que participan: Inma Luna, Nacho Vegas, Alexandre Crespo, Carlos Vara, Miguel Méndez Camacho, Alberto García-Teresa, Javier Cánaves, Macarena Trigo, Roger Wolfe, Gioconda Belli, Karmelo C. Iribarren, Mariano Crespo Martínez, José María Fonollosa, Alba González Sanz, Alfonso Brezmes, Emma Cabal, Ape Rotoma, Sofía Castañón, Elvira Laruelo.

Alejandro Nafría es un fotógrafo al que le gusta la tristeza, un hombre escondido, un delfín muerto en la playa, retratar a gente seria y buscar el gesto que la define: «Fotografiar a Claudia Schiffer no tiene interés. Me gusta la gente normal. Es un logro que se vean y te digan: ‘Yo no soy tan guapo’. Todos somos interesantes». Merece la pena darse una vuelta por este link para conocer más a fondo el trabajo de Alejandro Nafría https://www.flickr.com/photos/nafria/

Ana Lamela, colabora de El Cuaderno en su nueva etapa digital, ha estado muy presente en la génesis del proyecto y nos relata su particular making off, que antecede a una selección de imágenes y poemas realizada por El Cuaderno.


Contra

/ por Ape Rotoma /

Me invitan a escribir unas líneas sobre “Gente de Nod” y es un libro tan raro que no sé muy bien ni por dónde empezar. Uno lo abre y encuentra poemas y fotos, eso es obvio. Lo que no está tan claro es si se trata de una antología poética ilustrada por fotografías, o justo al contrario, de un libro de fotografía ilustrado por poemas, si es que algo tan infrecuente tiene algún sentido, que yo creo que sí.

Una antología que incluye obras de distintos autores suele elegirlos de acuerdo a algún criterio. Están, por un lado, las más habituales que pretenden ofrecer muestras de lo más notable de un determinado período histórico o de una corriente estilística (y esto con frecuencia entre la literatura de un país o de un idioma), y están también las que agrupan textos sobre un asunto concreto o extraídos de la obra de escritores relacionados por alguna característica común. A primera vista, no es fácil descubrir en este caso el criterio seguido por sus antólogos.

Porque veamos. La mayoría de los poetas que forman parte de ésta son españoles pero hay un par de excepciones notorias. La mayoría son contemporáneos pero unos son más contemporáneos que otros, por decirlo así, y desde luego no son contemporáneos entre sí, aunque prescindamos del único de ellos ya fallecido. La mayoría practica una poesía que más o menos corresponde a lo que Luis Alberto de Cuenca llamó la “línea clara” pero desde posturas teóricas tan distintas y distantes que mejor ni intentar clasificarlos, que alguno puede hasta enfadarse. Si a eso vamos, la mayoría son varones pero hay una proporción considerable de mujeres también. Una proporción (siete de un total de diecinueve) que supera, dicho sea de paso, la habitual en otras que se presentan como selección de lo más representativo de una época dada, algo que desde luego no es el caso. Sólo añadir que la falta de uniformidad se da incluso en el idioma, al haberse incluido un poema en asturiano, y que, en cuanto a la notoriedad de cada uno, la variedad es la única norma, tanto en lo que se refiere a popularidad como a prestigio o a simple cantidad de publicaciones.

Pero  tampoco quiero hacerme el misterioso. El libro que ha llegado a ser se explica simplemente conociendo la forma en que fue hecho. De esto sólo sé lo que los responsables han contado, ya que mi participación se limitó a dar permiso para que incluyeran uno de mis poemas y a dar las gracias de paso. Porque la verdad es que pocas formas hay tan cómodas de conseguir que tu nombre figure en la portada de un tochito.

Parece que la cosa empezó en las omnipresentes redes sociales, como no pocas de las que suceden actualmente en el mundo editorial, sospecho. El fotógrafo Alejandro Nafría, conocedor del vicio de la poeta Emma Cabal consistente en subir a diario a su muro de Féisbuk poemas de los autores más diversos y de acompañarlos siempre por una imagen, le envió una de sus propias obras preguntando a qué poema creía que podía (o incluso debía) acompañar, a lo que Emma contestó de inmediato o poco menos, lo que pronto se convirtió en una especie de juego y algo más tarde, en un proyecto.

Por eso casi todos los que acabaron en el libro son poemas que ya habían sido publicados en otra parte. Sin embargo, también hay seis que fueron escritos especialmente para éste, a partir de las correspondientes fotos. Es decir, usando el método opuesto para obtener un resultado equiparable. Yo no sé si habría sido capaz, la verdad, pero tuve suerte como queda dicho.

Así que lo que aquí cuenta es el poema y no el poeta, y ya sólo eso constituye una auténtica rareza, pero además, lo que cuenta del poema es su relación de modelo mutuo o algo así con respecto a una serie de imágenes, éstas sí, bastante homogéneas, no sólo por deberse al talento de un único autor, sino porque se trata en todos los casos de retratos en blanco y negro. Retratos de gente variopinta junto a poemas que hablan de esta gente o mediante los que esta gente habla. Y así la palabra influye a la imagen y ésta a ella, en efecto, consiguiendo  arrancarse significados nuevos mutuamente, enriqueciéndose.

La lectura es una experiencia singular, y quizá porque las imágenes forman parte de una misma serie o porque los poemas han sido elegidos por la misma mano, pueden incluso sonar como si hubieran salido también de la misma pluma, aunque algunos sean de autores con impronta personal muy marcada. Aunque suene exagerado, ésta fue mi primera impresión al leerlo.  Y así, la rareza de esta propuesta, de la que hablaba al principio, se convierte en su mayor virtud o en la causa de sus mayores virtudes.

A las que hay que añadir la calidad de las fotos, claro. Alejandro Nafría no sólo logra destacar lo más atractivo de los rostros que retrata, sino sobre todo lo más expresivo, que es lo que cuenta y lo que extrae precisamente poesía de cada personaje anónimo.

Por otro lado, la labor de Emma Cabal no terminó en la magnífica selección de la parte literaria del libro sino que tuvo que entrar después en contacto con cada uno de los poetas para conseguir un permiso sin el que se habrían visto obligados a elegir otras obras, y en definitiva, a componer otro libro. Y el libro ya estaba compuesto. Me consta que no fue fácil en algunos casos pero al hecho de que lo lograra hay que agradecer esa extraña unidad que tiene esta obra fabricada con materiales tan diversos.

No voy a hablar pormenorizadamente de estos materiales, de las distintas piezas que forman el conjunto porque basta nombrar a sus responsables para hacerse idea de esa diversidad y del interés intrínseco de cada una de ellas. Los nombres son Gioconda Belli, Alfonso Brezmes, Emma Cabal,  Javier Cánaves, Sofía Castañón, Alexandre Crespo, Mariano Crespo Martínez, José María Fonollosa, Alberto García Teresa, Alba González Sanz, Karmelo C. Iribarren, Elvira Laruelo, Inma Luna, Miguel Méndez Camacho, Ape Rotoma, Macarena Trigo, Carlos Vara, Nacho Vegas y Roger Wolfe.

En resumen, diecinueve obras distintas, un álbum de fotos de Alejandro Nafría, una antología de Emma Cabal y también otra cosa, queda dicho, una cosa rara porque es la suma de todo esto y porque también es única y por eso mismo, excepcional.


 

Gente de Nod

[extracto]

01

Inma Luna

Ni nadie

Nadie me conoce.
Ni mi psiquiatra.
Ni la alcachofa de la ducha.
Ni mi taza de café.
Ni mis pestañas.
Nadie sabe nada de mí.
Nadie me ha descubierto todavía.
Ni mis sujetadores.
Ni mis bragas.
Ni mi pinza de depilar.
Nadie se asoma a mis zonas estrechas.
Nadie sabe encontrarlas.
Nada me araña.
Ni mi cepillo de dientes.
Ni los chicles.
Ni los vasos de leche desnatada.
Nada entra en mi cuerpo.
Todo lo cruza.
Todo pasa de largo.
Como el viento en las casas con dos puertas.
Nada se lleva nada.
Nadie.

[Nada para cenar, Baile del Sol, 2014]


02

Nacho Vegas 

Y vino un pájaro a posarse en mi ventana.
Tenía una ala rota y su plumaje era gris y azul.
Y al acercar mi mano y comprobar que no, no echaba a volar
supe de inmediato que lo enviabas tú.
Lo tomé entre mis garras y lo dejé morir,
y cuando lo hizo aún llovía aquí.
Y la sangre al gotear entre zarpas de animal presagió mi suerte,
como una ave que voló de Madrid hacia Gijón aun herida de muerte,
reescribiendo la espiral de prometer hacerlo bien,
de cometer un nuevo error, de no saber pedir perdón o pedirlo demasiadas veces.
Y aunque ahora escupo una oración helado de terror ningún dios responde aún.
¿Soy yo el que no ve o es que todavía no se hizo la luz?
Seré muy breve: te extraño, y esto duele.

[Canciones inexplicables, 2007]


05

Miguel Méndez Camacho

La formal

Ponte el pudor.
Está allí, debajo del lecho
junto a las ropas caídas.
Recógelo y dilúyelo sobre tus mejillas
como si fuese un maquillaje. Alisa tu piel
y ese tablero de ajedrez borracho
de tu falda de cuadros.
Abróchate la blusa
y adopta otra vez
esa actitud ingenua de muchacha formal.
Ordena tus cabellos
y tus prejuicios.
Camina con esa dignidad desvencijada
que usas los domingos
para asistir a misa.

Tan pronto atravieses el umbral
serás nuevamente tú
la pequeña burguesa incomprendida
con tus veinte años de lugares comunes
y tu boca repleta de palabras usadas.

Serás la rutinaria.
La formal.
La limitada.

Creerás otra vez en dios
así como antes creías en tu cuerpo
y estarás llena de moral
así como antes estabas llena de mí.

Volverás a la iglesia
con tu andar milimétrico
y estarás de rodillas observando
el rostro masoquista de Cristo
como si fuese el aviso de un circo.
Leerás con cansancio
una novela idiota
—presintiendo el final—
pero irremediablemente
tendrás húmedos los ojos
en la última página.

Aquí en mi habitación
quedó tu lujuria hipócrita
y tu doble moral.
Mañana volverás y entonces te diré
las palabras de siempre:
ponte tu cuerpo
quítate el pudor y las ropas
y ven así, desnuda a engañarnos pensando
que no hemos empezando a envejecer.

 [Instrucciones para la nostalgia, 1984]


 06

Javier Cánaves

Ciudadano medio

Que desee ligeramente
asesinar a todo aquel
que me sostiene la mirada
cuando regreso del trabajo

no me convierte en un psicópata,
sino en un ciudadano medio
con derechos y obligaciones
que me hacen ser quien soy. Un tipo

tremendamente peligroso.

 [Limpieza y absorción, Delirio, 2011]


08

Macarena Trigo 

Hay una monja en mí, muy silenciosa,
y una puta también y una maestra,
y soy rara princesa sin su sapo,
y a ratos la borracha que en la noche,
y la madre de todos, la olvidada,
la abuela a la que nunca se visita.

Hay una idiota en mí, mala persona,
una celosa infiel, una lagarta,
y una actriz sin estrella y una diva,
y hay también una niña que en la noche,
y hasta una institutriz muy de otro siglo
y una musa desnuda que posara.

[Los poemas perdidos de Eleonora que Mariana encontró no sabe dónde, Amarú Ediciones, 2006]


  11

Karmelo C. Iribarren

La fecha

Primero miramos
la foto,
y no pasó nada.
Pero después
vimos la fecha
al dorso,
y el momento
adquirió
otros matices.

Y no tuve más remedio
que acariciarte
un poco
la nostalgia.

[Desde el fondo de la barra, Línea de fuego, 1999]


 14

Alba González Sanz

Crono-topos

Me espera la muerte
en cada rincón que horado
de tu cuerpo.
La orfandad de la ley
son estas manos que te buscan.
Nos espera la muerte
para cobrar la palabra,
el deseo en el grito,
la libertad del no.
Nos espera la muerte
para hacernos infancia
en el recuerdo.

Por eso ven aquí,
viajero sin cosechas,
traspasa esta frontera de memoria.
Aquí donde sabemos que la vida
es intensa y es libre
porque mide sus pulsos
en la ausencia de dioses.

Y el reloj es nada más e
n cada gozo de ambos
saber que se es eterno
lo que dura una llama.

[Inédito]


16

Emma Cabal

No tengas miedo

No tengas miedo.
Conmigo puedes quitarte
la armadura.
Puedes quedarte desnudo
y enseñarme tus lunares
indefensos,
esas manchas vulnerables
de tu piel,
tus arrugas,
las frágiles cavidades
de tu cuerpo,
tus sombras…

No temas, chico duro.

Prometo no hacerte daño.

 [La mujer que tengo más a mano, Canalla, 2015]


  Portada

Gente de Nod
Alejandro Nafría y Emma Cabal
KRK Ediciones, 2016

Autor: jaime priede

Editor de elcuadernodigital.com y autor del libro de poesía "El coleccionista de tarjetas postales" (Deva, 2000), de ensayo "Dejad que baile el forastero" (Bartleby, 2006) y de la novela "Un buzo en el bosque" (Malasangre, 2015).

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