Tócala otra vez, Mac

Como si fuera un «mac» portátil, el último libro de Enrique Vila-Matas logra integrar en su disco duro todos los modos discursivos, argumentos, estilos e innovaciones formales de su narrativa en un comprimido de apenas trescientas páginas.

Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) se fue a vivir a París en 1968 y alquiló un diminuto apartamento que resultó ser de Marguerite Duras. Con una anécdota así, cualquiera tendría para ir tirando toda una vida, pero en el caso de este escritor se diluye en una vida llena de situaciones similares, donde el azar, el equívoco y el cruce entre ficción y realidad se convierten en una seña de identidad esquiva, irónica y realmente sugerente. Baste decir que incluso colaboró como figurante en una película de James Bond. Para lo otro, la literatura, sus libros, pocos retratos como el que le hizo Rodrigo Fresán:

«Una forma más tonta que extraña de definir a Vila-Matas sería afirmar que se trata del más argentino de los escritores españoles. Después de todo, allí están la manía referencial y el siempre dúctil aparato enciclopédico, el humor en serio, los juegos metaficcionales donde el autor es siempre protagonista, las apelaciones cómplices a su lector, y el tránsito cosmopolita, constante y sin compromiso, por las bibliotecas y las ciudades».

Como si fuera un mac portátil, el último libro de Enrique Vila-Matas logra integrar en su disco duro todos los modos discursivos, argumentos, estilos e innovaciones formales de su narrativa en un comprimido de apenas trescientas páginas. Mac y su contratiempo cuenta la historia de una repetición. Mac acaba de perder su trabajo y pasea a diario por El Coyote, el barrio de Barcelona donde vive. Como no tiene gran cosa que hacer, piensa todo el tiempo y su mente germina una obsesión con su vecino, un escritor famoso y reconocido, que apenas repara en su presencia cuando se cruzan. Un día le escucha hablar de las incongruencias e incoherencias de Walter y su contratiempo, su primera novela, de la cual se acuerda vagamente. La mente de Mac se pone en funcionamiento y decide mejorar ese primer libro que su vecino escritor preferiría dejar en el olvido. Este arranque argumental se transforma en manos de Vila-Matas en una nueva experiencia formal donde las piezas van encajando en un ramal de ficciones, ensayos, diarios y carreteras secundarias que confluyen en un relato de auténtico virtuosismo narrativo. 

Nos adentramos por los vericuetos de Mac y su contratiempo con un guía excepcional. Moisés Mori, escritor y colaborador de El Cuaderno en la nueva etapa digital que se iniciará a partir del 22 de abril, conoce muy bien la narrativa de Enrique Vila Matas y este conoce muy bien la suya, como ambos han demostrado en diversos textos críticos.


Cómo se hace una novela

/ por Moisés Mori /

De las múltiples reseñas y artículos que críticos reconocidos han escrito estos últimos años sobre la obra de Enrique Vila-Matas resulta muy fácil entresacar unas líneas o frases elogiosas sobre su recorrido literario: citas como las que ahora, en la faja editorial de Mac y su contratiempo, cobran, por supuesto, el carácter de un mero epígrafe promocional, pero que son frases significativas, índices que señalan una dirección; por ejemplo: «…una de las trayectorias más originales de la narrativa española…», o también: «…una de las voces más poderosas y genuinas de la literatura europea….» Y lo que —muy justamente— suele destacarse es la voz, la originalidad, la trayectoria de un escritor singular que ha abierto su propio espacio artístico, que ha logrado un estilo inconfundible y, en definitiva, una voz propia.

[…] el escritor plantea en esta nueva novela una historia que es al tiempo meditación sobre la originalidad de la escritura, sobre los riesgos de la repetición y la necesidad de una voz propia […]

No obstante, estos elogios —como las luces— siempre pueden producir sombras; y no es difícil pensar también en posibles e indeseadas consecuencias de un perfil tan claro y patente, la otra cara o envés que consigo puede arrastrar (sin salir del campo literario) una posición tan definida como la de Vila-Matas. En cualquier caso, el escritor plantea en esta nueva novela una historia que es al tiempo meditación sobre la originalidad de la escritura, sobre los riesgos de la repetición y la necesidad de una voz propia; es decir, el autor reflexiona aquí sobre su propia tarea: qué se busca al escribir, cuáles son los presupuestos estéticos de la narración, cómo —después de las nivolas, el nouveau roman, la novela museo o La cartuja de Parma— se hace y no se hace una novela, dónde están sus puntos de fuga, su potencia, la base poética, en qué consiste esa inacabable búsqueda. De modo que Mac y su contratiempo, aun siendo un relato de pura ficción, genera su propio ensayo, el diario de su escritura y, ciertamente, incluye también un contratiempo.

Terrazas en Gràcia / Flickr: Oh-Barcelona.com /
Terrazas en Gràcia / Flickr: Oh-Barelona.com

La Barcelona de hoy, la vida del barrio, un verano muy caluroso… El narrador o autor es Mac, un hombre ya sexagenario, casado, que se ha quedado sin trabajo: comienza un diario, quiere ahora escribir, trata de saber qué escribiríamos si escribiéramos. La novela, lo que nosotros leemos, son las páginas de ese diario, 54 días de calor en Barcelona, 54 entradas, la vida de este lector bien formado que ahora quisiera escribir. Mac coincide un día con uno de sus vecinos, Sánchez, escritor barcelonés de éxito, hablan entre otras cosas de una antigua y olvidada novela de éste (Walter y su contratiempo). A Mac se le ocurre entonces volver sobre esa novela (en su momento la había dejado a medias): en el diario recoge las impresiones de esta nueva lectura, vamos así conociendo aquel libro de Sánchez, un texto dividido en diez capítulos o cuentos independientes, los cuales configuran a su vez una única historia, las supuestas memorias de un ventrílocuo, Walter, que —grave contratiempo— tiene no pocos problemas con su voz…

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Las piezas centrales están en el tablero. A partir de ellas elabora Vila-Matas un texto excepcional, tan fácil y ameno de seguir, tan lleno de episodios laterales, referencias literarias, películas vistas (Hitchkock incluido), sentencias brillantes o recuerdos, como verdaderamente complejo, cargado de capas, cruces, rompecabezas textuales, sugerencias. En efecto, el autor que conocemos, el creador de Pasavento, Bartleby o Montano, el mismo escritor —portátil, voluble, eléctrico, ligero y lento— con el que hemos estado en Kassel, Veracruz, Parma o París. Esa voz creativa.

Las piezas centrales están en el tablero. A partir de ellas elabora Vila-Matas un texto excepcional, tan fácil y ameno de seguir, tan lleno de episodios laterales, referencias literarias, películas vistas (Hitchkock incluido), sentencias brillantes o recuerdos, como verdaderamente complejo, cargado de capas, cruces, rompecabezas textuales, sugerencias. […]

Mac lee Walter y su contratiempo. En un primer momento su diario va dando cuenta de esos diez capítulos que configuran la novela de Sánchez; y —por lo que Mac nos dice— en cada uno de esos capítulos o cuentos, trata Sánchez de seguir, de homenajear a un célebre autor de relatos, de modo que cada cuento se abre con una cita o epígrafe que señala una línea o modelo de escritura (Cheever, Djuna Barnes, Borges, Hemingway…), las distintas voces del ventrílocuo. Al autor del diario no le disgusta ese planteamiento, pues aun siendo un escritor en ciernes, de ningún modo quisiera escribir una obra anodina, convencional, y ve precisamente en esos grandes maestros del cuento que Sánchez evoca un camino para superar ciertas convenciones narrativas ya muy gastadas, sin verdadero aliento.

Ahora bien, la lectura que Mac hace de Walter repercute extrañamente en su vida cotidiana, se confunde con ella (desde encuentros casuales en las calles del barrio a los celos que ahora siente por Carmen, su mujer), y aun se complica cuando el autor del diario conoce a un sobrino de Sánchez, un tipo resentido, muy impertinente, que no para de opinar sobre su tío, el campo literario y a la literatura en general. De modo que, entre el escritor barcelonés consagrado, ese sobrino ágrafo, la historia del ventrílocuo Walter y las páginas del diarista celoso, se construye un singular entramado textual (y vital), un delicado y exacto cruce de reflejos. Con todo, este complejo juego narrativo es solo la primera rama de una novela que reactiva su creatividad cuando —segundo momento— Mac piensa en reescribir Walter y su contratiempo y comienza a corregir la voz de ese antiguo texto, a convertir, en suma, su diario —y su vida— en un remake de la novela de Sánchez.

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Georges Perec

Bien avanzada la historia (ya el día 36), ese sólido lector que siempre ha sido Mac (cuyos conocimientos literarios nada tienen que envidiar a los de Vila-Matas) cae en la cuenta de la influencia que, en su diario, en su proceso de escritura, está teniendo 53 días, libro inacabado (y póstumo) de Georges Perec (el título es un homenaje a Stendhal, que tardó 53 días en escribir La cartuja de Parma) organizado —nos dice Mac— en dos partes: en la primera se cuenta una historia policiaca, en la segunda (impresionante vuelta de tuerca) se consideran otras posibilidades de esa historia narrada. Y, en efecto, algo así es lo que viene haciendo Mac: en una primera rama extensiva ha contado o resumido los diez cuentos de Walter; en la segunda está pensando en los cambios que él podría introducir en ellos; de hecho, ya está reescribiendo algunos párrafos en su diario. Así que dos tiempos (y un fatal contratiempo) en Perec; dos tiempos (y dos máscaras) en Sánchez y su falso sobrino; también el tiempo primero de Sánchez y el remake de Mac. El tiempo y el contratiempo. Una búsqueda entre la voz de antes y quizá la misma voz de ahora. Y un autor —tercer hombre— que se desfigura, esconde, se desdobla, disfraza, desaparece. También el epígrafe que encabeza Mac y su contratiempo conduce a ese punto: «Me acuerdo de que casi siempre me vestía de vagabundo o de fantasma. Un año fui de esqueleto» (Joe Brainard, I Remember). Brainard y Perec. Se acuerda Mac de Sánchez, de Walter, de Perec. Me acuerdo de Pierre Menard, de Macedonio, de que Paul Klee y August Macke escribieron sendos diarios de su viaje a Oriente. Me acuerdo del famoso espejo de Stendhal.

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Confluyen, pues, en esta novela no pocas voces: oblicuas, cruzadas, superpuestas; incluso imaginadas. Una espiral de rostros, historias, reflejos; incluso fantasmas. Aunque quizá oímos siempre la misma voz, la célebre voz propia. Es el misterio del ventrílocuo y sus muñecos: esa fascinación; también la proximidad del horror, cierto estremecimiento. En realidad, la novela de Sánchez —con su ventrílocuo Walter— guarda algunas semejanzas con un libro publicado por Enrique Vila-Matas en 1988, Una casa para siempre (es el propio autor el que ha comentado este extremo en alguna entrevista periodística); de manera que ese libro de hace casi tres décadas es también de algún modo el que Mac —otra vuelta de tuerca, más fantasmas— podría tener presente cuando redacta su diario, cuando piensa en escribir y escribe esa novela —una y múltiple— compuesta por una suma de diez cuentos. Así que todo se multiplica y se desvanece de modo imparable: voces, imágenes, textos, identidades, enemigos, espejos. Voces de Mac, en la cabeza de Mac, en el diario: sus encuentros con el pasado, con vagabundos. Mac oye voces: desde las primeras páginas dice que oye en su cabeza la voz de un muerto. A veces -menudo frío en agosto- va de póstumo o esqueleto.

Confluyen, pues, en esta novela no pocas voces: oblicuas, cruzadas, superpuestas; incluso imaginadas. Una espiral de rostros, historias, reflejos; incluso fantasmas. Aunque quizá oímos siempre la misma voz, la célebre voz propia. Es el misterio del ventrílocuo y sus muñecos: esa fascinación; también la proximidad del horror, cierto estremecimiento. […]

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Enrique Vila-Matas

El juego es perfecto. Y el homenaje a Perec, esa visita al maestro de 53 días en un diario imaginario (falso) de 54 entradas, indica ya el carácter (genio, humor, complejidad) de esta novela, en la que al modo oulipiano se parte de una restricción o regla autoimpuesta (reescribir una obra anterior: sea de Sánchez, de su sobrino, de Stendhal o de Vila-Matas) para sacar así —como quien sigue una rima u otro pie forzado— el mayor partido estético; no obstante, para el creador de Mac, aun sin desdeñar la combinatoria matemática, ese juego se vuelve más bien un procedimiento libre y muy abierto, que tiende preferentemente a la indeterminación, que busca la apertura del sentido a través de grietas intencionadas (como quien pierde una manzana), de autocorrecciones irónicas, modificaciones (el sobrino no es sobrino de Rameau), de la paradoja; pues Vila-Matas está desentrañando aquí la naturaleza misma de una ficción que se sabe tal, que es consciente de su intrínseca condición (o falsedad), y cuyas relaciones con la realidad (dos viejos cónyuges) son tan problemáticas como las del sujeto y su espejo, esto es, como las del cuerpo y el fantasma.

Mac huye; se escapa de su barrio y su mujer, de esa Barcelona de extraños encuentros y gente que se cae, sin más, en la calle. Huye al origen de la narración, al mito de la Arabia feliz, huye a las 1000 y 1 noches, voces de Marrakech, músicas, fotogramas antiguos, los desiertos de Rimbaud, el sueño del principio y el fin. Huye y no huye. Día 54, escribe Mac: «Yo soy uno y muchos y tampoco sé quién soy». Esos efectos.


PORTADA

Mac y su contratiempo
Enrique Vila-Matas
Seix Barral, 2017
304 pp., libro impreso: 19,50 €
libro electrónico: 9,99 €

 

Autor: jaime priede

Editor de elcuadernodigital.com y autor del libro de poesía "El coleccionista de tarjetas postales" (Deva, 2000), de ensayo "Dejad que baile el forastero" (Bartleby, 2006) y de la novela "Un buzo en el bosque" (Malasangre, 2015).

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