PVP al alza

Treinta años después, PVP vuelve a los escenarios con la misma honestidad y energía de entonces.

PVP es un grupo de punk y de rock con influencias de la new wave que tuvo gran presencia en la llamada movida madrileña. Fundado en 1980, a pesar de su nombre no se vendieron a los cantos de sirena de un mercado musical en el que parecía que podía valer todo lo que tuviera un ligero aire corrosivo. Nunca alcanzaron un gran éxito comercial, pero sí prestigio entre el público y la crítica especializada. Sirva como ejemplo la apuesta de Diego Manrique por el cuarteto en la revista Rock Espezial por aquellos tiempos. Después de un tiempo de rodaje haciendo conciertos,  PVP graba en 1981 una primera maqueta en los estudios Zafiro con ayuda de Mariscal Romero y poco tiempo después grabaron la segunda, producida por Ramoncín. Se ganaron rápidamente una reputación como banda muy profesional, en contraste con la mayoría de grupos nacionales de la época. Tras la publicación de cuatro álbumes, el cuarteto se disolvió a finales de los ochenta.

Treinta años después, PVP vuelve a los escenarios con la misma honestidad y energía de entonces. Pablo Martínez Vaquero, colaborador musical en la nueva plataforma digital de El Cuaderno, que estará operativa desde el próximo 22 de abril, ha sido nuestro corresponsal en el concierto que el grupo ha ofrecido en la sala Rock-Ola de Madrid. Esta es su crónica de una reaparición que ya suma cuatro directos. Las fotos incluidas son de Jorge Amodia.


Un regreso de impacto y emociones

/ por Pablo Martínez Vaquero /

Adiós, qué duro es decirte adiós, cuando te sobran las ganas / Cuando te quedan motivos, cuando la vida te agarra / Adiós, qué duro es decirte adiós, cuando te quedan palabras / Cuando tu quieres volar y se te quiebran las alas… Así de profunda es la letra de “Hermanos de Piel”, la canción que da título al último álbum de PVP, dedicada a Jorge “Garra” García Ramiro, su “hermano” y baterista, fallecido en octubre de 2012 víctima de un cáncer. Fue uno de los temas más aplaudidos y vitoreados en el excelente concierto que el grupo madrileño ofreció en la nueva sala Rock-Ola de su ciudad. Se trató de su cuarto concierto de reaparición en Madrid, tras un breve “debut” en el Rock Palace, la presentación oficial en la sala Changó (el pasado 21 de octubre de 2016) y el concierto en Ego Live, en Alcalá de Henares. En todas las actuaciones cosecharon una concurrencia muy notable, ansiosa por presenciar el regreso del grupo que en los años ochenta se gano el apelativo de “los Clash españoles”, por su actitud, violencia lírica, imagen y sus pulcros y contundentes directos, con un poderío sonoro envidiado por muchos. Pero PVP era (y es) mucho más; también tuvo su etapa “siniestra” y una personalidad propia cara de encontrar en el rock estatal. ¿Y honestidad? Toda y sin imposturas; algo mucho más difícil de toparse por estos lares y en estos tiempos. Treinta años después de su disolución vuelven a primera línea de fuego con la misma energía juvenil y madurez musical que siempre les ha caracterizado.

PREMONITORIOS Y VANGUARDISTAS

Nosotros nos cuidábamos; eran otros grupos los que se metían de todo, pero nosotros adquirimos esa fama hasta el punto de que en algunos sitios la gente nos preguntaba dónde poder ‘pillar’, y cosas así

Este grupo madrileño, a pesar de su talante, nunca se vinculo demasiado a la nueva ola madrileña, y muchísimo menos a la (mal) llamada Movida. Aquel fenómeno y el grupo coincidieron en espacio y tiempo pero llevaron caminos separados, quizá por la falta de esnobismo y el claro toque castizo del cuarteto, que algunos críticos con dudoso criterio enmarcaron en el llamado “rock urbano”, estilo con otras connotaciones muy distintas al espíritu propio de PVP. Sus álbumes, a pesar de contar con singles de bastante repercusión, nunca lograron trascender tanto como los de otros grupos coetáneos. En realidad tuvieron más prestigio —por su evidente virtuosismo— que fortuna comercial. Tocaban mucho mejor que otros grupos de su quinta y su imagen era tan impecable como dura, pero jamás fueron aclamados como esas otras bandas (¿hace falta decir nombres?). Precisamente esa fama y su look de tipos rudos y duros les creó una imagen de “malotes” de la que nunca se pudieron librar, a pesar de que precisamente ellos procuraban no consumir drogas ni beber alcohol para tocar: «Nosotros nos cuidábamos; eran otros grupos los que se metían de todo, pero nosotros adquirimos esa fama hasta el punto de que en algunos sitios la gente nos preguntaba dónde poder ‘pillar’, y cosas así», me cuenta Juanjo Valmorisco en el local de ensayo del grupo, donde tuve la suerte y el honor de poder presenciar como ultimaban detalles para su próximo concierto en Madrid, en la citada sala Rock-Ola. «Ni siquiera bebíamos alcohol para tocar; eso es contraproducente si quieres hacer un buen concierto», apostilla Jesús Amodia en el mismo espacio, los locales de Gruta 77, en Carabanchel Alto. Los dos guitarristas, junto al fallecido baterista, siempre fueron «los auténticos PVP», ya que el grupo pasó por varias formaciones con bajistas de ida y vuelta y músicos diversos. No obstante, eran conocidos como «las cuatro jotas», debido a que el nombre de su primer bajista fijo (José Gabriel Hernán Martín), también empezaba por dicha letra. La banda se formó en 1979 en el barrio de Carabanchel y consiguió grabar su primer álbum en 1982, Miedo, editado por el sello Belter, que nunca les hizo demasiado caso y no supo aprovechar el tirón de grandes canciones, como la que le dio título al disco, o “El coche de la plas”, su tema más conocido. Previamente, Ramoncín les había producido la segunda maqueta, y eso —quizá— también dañó su charme y savor faire, al menos de cara al elitista fenómeno artístico madrileño de la época. En realidad eran discípulos del punk británico del ’77, y asimilaron con sobrada habilidad sus enseñanzas, pero no sólo de The Clash (otra etiqueta que les persigue y que ahora les llena de honor): «También escuchábamos muchas otras cosas, desde Bauhaus a mucho reggae, pasando por el funk o Bernard Herrman, mismamente…», apunta Valmorisco. El primer LP tuvo menos repercusión de la que se merecía, máxime viniendo de uno de los grupos más sólidos y mejor dotados del pop-rock madrileño. La crítica musical, entretenida con Alaskas, etcétera, no les hizo (casi) caso, un cruel agravio aún por reparar. No obstante ellos supieron cristalizar desde el principio el mejor rock-punk con el reggae, el funk y hasta las músicas étnicas, algo que sí se valoró en posteriores grupos de peor dominio instrumental. ¿Otra vez la puñetera envidia? Eso es lo que les ocurre a los que van por delante de su tiempo… Así las cosas, en 1984 vieron editado un nuevo disco grande, Las reglas del juego, con nueve cortes entre los que sobresalía “Entre las ruinas”, un magnífico y bailable tema de funk-rock que era obligado publicar como maxi, algo que ocurrió. El problema fue que el pequeño sello para el que registraron aquellos temas (21 Records) tampoco supo aprovechar su potencial —que probablemente dejaba en mantillas a los mismísimos The Lords Of The New Church y las ventas no fueron tantas como mereció aquel brillante trabajo, a pesar de que la citada composición también quedó marcada a fuego en un público fiel y en los oídos de los mejores aficionados al pop-rock español de la época, convirtiéndose sus discos en cotizadas joyas de coleccionistas de todo tipo, especialmente de los ávidos de sonidos intensos, contundencia y rebelión vocal de lo más visceral.

1 PVP Biallio

EL FINAL… Y EL PRINCIPIO

Yo estaba en Francia, de vacaciones, y Juanjo me envío un texto muy emotivo, contándome que tenía una nueva letra, “Señor Presidente”, preguntándome qué me parecía y que si merecía la pena volver a juntarnos para hacer algo

Posteriormente, ya en 1985, vía el gran Pito Cubillas, ficharon para DRO-Tres Cipreses para publicar el Mini LP Donde se pierde la luz, precedido por el single con el tema estrella de la obra, 1, 2, 3 Muévanse, una nueva y contagiosa composición que llegó a ser otro “llenapistas” total, pero que tampoco fue muy apoyada por los popes de la radio estatal… Y en 1987 por fin llegó el gran salto a una multinacional, Polygram-Virgin, para la que realizaron el álbum Bailío, que sí fue un éxito de ventas pero un trabajo del que el grupo prácticamente reniega «Aquello ya no era PVP», me confiesa Amodia. Y de ahí a la disolución sólo hubo un paso, aunque estuvieron a punto de convertirse en el grupo de Olvido Gara, Alaska, para registrar un álbum en solitario de la hoy estrella mediática, algo que nunca llegó a realizarse «al integrarse ella en Dinarama», me cuenta el mismo Amodia con cierto resquemor. Desde entonces, ya disgregados, hubo que esperar al verano de 2012 para que el milagro sucediese, su futura reagrupación. «Yo estaba en Francia, de vacaciones, y Juanjo me envío un texto muy emotivo, contándome que tenía una nueva letra, “Señor Presidente”, preguntándome qué me parecía y que si merecía la pena volver a juntarnos para hacer algo», me cuenta Jesús Amodia, y continúa con su explicación: «Jorge ya estaba muy enfermo, tenía cáncer de pulmón, y lo sabíamos, aunque apenas teníamos contacto. Juanjo pensó que volver podría ser un revulsivo para él, que estaba ya con quimioterapia…». Pero Jorge no daba las señales requeridas por sus dos “hermanos de piel”; estaba en plena lucha contra su enfermedad y no contestaba a los mensajes que ellos se cruzaban con él, pasándose vía Internet las nuevas ideas a desarrollar. Finalmente Jorge falleció poco después… y fue un palo muy grande para Jesús y sobre todo para Juanjo: «Él y Jorge eran uña y carne y Juanjo estuvo a punto de dejar el proyecto», me explica Amodia, «pero yo le dije que justamente en ese momento teníamos que seguir, que el motor principal sería el homenajear a Jorge», concluye… Y aquí, tras el paso discográfico de Juanjo y Jorge (DEP) por el grupo Abuelas Fumadoras en 1998, se reanuda una historia que se consolida en 2016 y que el presente año se ha hecho una realidad, una maravillosa realidad.

Juanjo Valmorisco y Rafa Pmm Le doc

“DÉJÀ VU” EN ROCK-OLA

La concurrencia, de varias generaciones, coreó con emoción el repertorio y bailó y saltó en todo momento, contagiados por la energía y la intensidad que el cuarteto desprendía en directo.

En la nueva sala de la capital, que ha “heredado” un nombre que ya es leyenda desde 1981, los clásicos PVP, Juanjo Valmorisco (voz y guitarra rítmica) y Jesús Amodia (guitarra solista y coros) volvieron a subirse al escenario con su nueva formación, completada por otros dos grandes músicos del punk-rock madrileño (el de antaño y el actual): el veterano Manolo UVI (bajo y coros) y el joven Rafa Ppm Le Doc a la batería, una sección rítmica tremendamente potente, ad hoc con el histórico espíritu combativo del grupo. Repasaron entero el último álbum, intercalando algunos temas clásicos de su repertorio como “Tacón y cuero”, “A casa en coche”, “Miedo”… Y para escuchar sus grandes hits, “El coche de la plas” y “Entre las ruinas”, hubo que esperar a los bises, reclamados con fruición por el público que (casi, casi) llenaba la sala. La concurrencia, de varias generaciones, coreó con emoción el repertorio y bailó y saltó en todo momento, contagiados por la energía y la intensidad que el cuarteto desprendía en directo. Lo dieron todo y con creces; se dejaron literalmente la piel haciéndonos olvidar que el núcleo duro del grupo es prácticamente sexagenario, algo que no se percibe ni por la forma física ni por la actitud; se mostraron y sonaron jóvenes y combativos a rabiar, algo verdaderamente admirable y envidiable. Por su parte Manolo UVI cantó una canción de su propio grupo (La UVI, también en activo), “Amor Frenopático”, un guiño a su presencia que hizo bailar el pogo a gran parte de los allí presentes. Asimismo, Rafa Hernández (ex Desperados) subió a tocar la guitarra con el grupo en uno de los temas nuevos, “La Revolución”, en el que Juanjo se despojó de su instrumento para entregarse solamente a la voz, lo que potenció aún más su impecable imagen de veterano punk con solera. Asimismo, Regino Carreira (ex Séptimo Sello y coeditor del disco) hizo los característicos coros de la citada Entre las ruinas” junto a Jesús Amodia, un tema coreado también por toda la sala, que ya se volvió literalmente loca con el histórico ska-rock con el que se cerró el concierto: “El coche de la plas”, como no.

Jesús Amodia

HERMANOS DE PIEL

“Sobran motivos para la insurrección / hoy como ayer / ayer como hoy…”

El disco, editado por Warner Music Spain (bajo licencia de Regino Carreira) el pasado mes de octubre, se ha editado físicamente en vinilo (LP) y en CD (formato que suma dos bonus tracks; sendas nuevas versiones de las ya referidas “Entre las ruinas” y “El coche de la plas”. Se abre con “Los tiempos están cambiando”, aparente guiño al histórico tema homónimo, pero con una marcada personalidad Valmorisco/Amodia (autores de todos los temas) y un estribillo tan perfecto como batallador: Sobran motivos para la insurrección / hoy como ayer / ayer como hoy…, un power-pop tremendamente contagioso. Le siguen “Incontinencia” (puro punk-rock de guitarras afiladas y texto insurgente), “El enemigo no es Alí”, un medio tiempo de estribillo casi hipnótico y realmente brillante. En “Señor Presidente”, otro tema tan poderoso como melódico, vuelven los textos que apuntan con el dedo a “los que meten la mano en la caja”, mientras que en “Hermanos de piel” sencillamente emocionan; el tema dedicado a la memoria de Jorge, empieza con un lamento cuyo dolor aumenta estrofa a estrofa para dar paso a unas melodías luminosas que arropan el estribillo: Brindo por mí, por la vida que pasa / Brinda por mí donde se pierden las almas. Por su parte “Oxígeno” es punk en estado puro, PVP en estado puro y con otro estribillo tan coreable como peleón. Le sigue “La Revolución” es de las más rockeras y “vacilonas” del álbum y ésta da paso a otro punk-rock, “Amor que duele”, un canto contra la lacra de la violencia machista. Le siguen “Somos los niños” (remitiendo a los mejores Clash), “Conciencia” (punk ardiente y adoctrinador) y “Nadie Responde”, el tema más duro del disco. Finalmente, en la versión CD, se incluyen dos nuevas versiones (e increíblemente mejoradas en fuerza y sección de metales) de “El coche de la plas” (del primer LP, de 1982) y “Entre las ruinas”, del segundo (de 1984). En definitiva, es un trabajo excelente, emocionante y enérgico en el que prevalecen los estribillos redondos y los textos reivindicativos, pero sin caer en ningún momento ni en tópicos ni en chorradas. Un disco inteligente y adictivo producido por el propio Juanjo Valmorisco en su estudio profesional, La Pequeña Jamaica, de Chamberí, donde fue grabado, amén de algunos instrumentos registrados en Box y Torres Estudios. ¿El mastering?: La labor de Jesús “Suso” Gómez, para más señas de garantía.

PVP LOGO

Autor: jaime priede

Editor de elcuadernodigital.com y autor del libro de poesía "El coleccionista de tarjetas postales" (Deva, 2000), de ensayo "Dejad que baile el forastero" (Bartleby, 2006) y de la novela "Un buzo en el bosque" (Malasangre, 2015).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s