Cuento de invierno

La compañía británica Cheek by Jowl, calificada como una de las más vanguardistas de Europa, ha puesto en escena una versión radicalmente moderna de la obra Winter`s Tale de William Shakespeare en el Centro Niemeyer de Avilés.

La compañía británica Cheek by Jowl, calificada como una de las más vanguardistas de Europa, ha puesto en escena una versión radicalmente moderna de la obra Winter`s Tale de William Shakespeare en el Centro Niemeyer de Avilés. Bajo dirección de Declan Donnellan, este Cuento de invierno intensifica el carácter innovador que Shakespeare le inyectó en su momento, cuando rompió con las rígidas normas teatrales de la época que concebían la verosimilitud teatral como un hecho innegociable de unicidad en el espacio, en el tiempo y en la trama. Un conflicto en una sola dirección, un espacio único y un momento cronológicamente acotado conformaban el marco de toda representación teatral aceptable por el público. Shakespeare dio entonces un paso adelante, escribió La tempestad bajo ese molde y puso tierra de por medio con Winter`s Tale, un recorrido por la campiña europea en el que se fusiona la tragedia más severa con la comedia más popular en un periodo que abarca nada menos que dieciséis años. De nuevo estamos ante un rey delirante y paranoico, uno de esos grandes personajes shakespearianos que provocan un desgarro tanto emocional como social en su entorno e inician, a lo largo de la trama, el duro camino de la redención.

Como será habitual en la sección TEATRO de la nueva plataforma digital de El Cuaderno, aprovechamos la singularidad de una representación concreta para proponer una revisión más a fondo del marco cultural al que pertenece y de las posibles lecturas que la obra en cuestión puede ofrecer en el mundo actual. Será esta vez desde la perspectiva de José María Castrillón, que ya se ocupó en una entrada anterior de este blog de El público de Federico García Lorca.


A WINTER’S TALE

Para el invierno es mejor un cuento triste

/ por José María Castrillón /

La reina observa a su hijo conversando con las damas de la corte. Espera de nuevo descendencia. Siente, quizá, un último deseo de ofrecer toda su intimidad a quien pronto será un adolescente, y urge al príncipe Mamilio a que le relate un cuento tan alegre como él prefiera: «Para el invierno es mejor un cuento triste; conozco uno de aparecidos y duendes», le responde el muchacho. La reina le lleva a su lado: «procura que tus aparecidos me asusten». El heredero del rey Leontes se acerca al oído de la reina Hermiona: «Había una vez un hombre…». Baja la voz y prosigue: «que vivía junto a un cementerio…». El relato cesa en su mismo inicio pues el rey Leontes, perturbado por los celos, irrumpe en la estancia para acusar a su reina de esperar un hijo bastardo.

Estamos al comienzo del segundo de los cinco actos de Cuento de invierno, la penúltima obra compuesta por el autor de Stratford. El primero nos ha dejado a un rey consumido por la sospecha de que su amigo de la infancia, Polixeno, rey de Bohemia, ha sido el amante de Hermiona durante la larga estancia en Sicilia con la que Leontes le ha fraternalmente acogido. Polixeno ha sido avisado de que el despechado rey ha ordenado su muerte y huye no sin advertir al confidente (y por ello a los espectadores) de su inocencia. La fuga hace más cortantes las sospechas del esposo. En efecto, Leontes ha condenado ya a Hermiona, quien será encarcelada y separada de su hijo. Por lo que respecta al nuevo descendiente el rey no alberga la menor duda: el bastardo (será una niña, Perdita) merece el desprecio y la muerte.

A WINTER’S TALE

Pero volvamos al momento interrumpido en el que el príncipe comienza (y acaba) su triste cuento de invierno. La escena ofrece al menos dos curiosidades desde luego enigmáticas, o al menos sorprendentes. Los papeles de relator y oyente aparecen cambiados. No es la madre quien, como se espera, entretiene al muchacho sino el hijo el que la ha de llevar de la mano a través de su imaginación y su talento. Que el relato se interrumpa apenas en su principio no deja de ser, asimismo, inquietante. Se trata de dos quiebras suficientemente llamativas como para que el espectador no alargue las sombras interpretativas que proyecta la situación. Madre e hijo morirán de tristeza y la niña será condenada al abandono y, casi con seguridad, a la muerte. El relato del niño parece haberse consumado. La tristeza del relato se volverá igualmente hacia el rey Leontes cuando no pueda dar marcha atrás a los trágicos hechos ante la inocencia de la reina que ha confirmado el oráculo de Delfos. El rey es ya el hombre que vivirá el resto de sus días, junto a un cementerio interior, acosado por los fantasmas de la culpa. El crimen, pues así lo siente el propio personaje, queda plásticamente incorporado en la mente del espectador gracias al cuento que como el porvenir de ese niño ha sido segado en su comienzo. La genialidad de Shakespeare transforma las magistrales sentencias premonitorias de la brujas en Macbeth en el encuentro inocente, y por ello aún más dramático y terrible, entre madre e hijo. Seguramente, no todos los elementos sustanciales de Cuento de invierno estén a la altura de esta incardinación narrativa pero tan sólo este atrevimiento supone una confirmación más de la maestría (y el descaro) del autor de inglés.

Y es que ni los celos de Leontes provienen de la taimada maquinación de Yago (Otelo) ni para nada es necesario el diálogo introductor cuando la escena siguiente contiene perfectamente engastados todas cuantas informaciones sobre los personajes se necesitan. Uno sospecha que la escena en que un personaje es devorado por un oso es la mera excusa para subir el animal real a escena (eran habituales los crueles espectáculos de osos atacados por perros). Incluso parece justificar una sonrisa que en medio de la tormenta el Clown haya escuchado desde la playa los gritos de los marineros y al hombre que ha dejado abandonada a la pequeña Perdita «gritar que era noble y que se llamaba Antígono» al oso que lo desgarra. Que sorprendentemente haya en Bohemia puerto de mar tiene menos importancia escénica.

A WINTER’S TALE

Con todo, el elemento más distorsionante con el que habrán de enfrentarse los espectadores será el radical cambio de tono a partir del Cuarto Acto. Los 16 años que el Tiempo («placer de algunos, juez de todos») hace transcurrir ante nosotros abren la obra a un tiempo bucólico, cercano a la literatura pastoril. En realidad, se trata de la ideal situación con que había comenzado la obra: si la plácida estancia del rey de Bohemia en Sicilia se ve trágicamente interrumpida por la brutalidad de su anfitrión, ahora el amor que se profesan su propio hijo y Perdita (de quien desconoce su verdadero origen) sufre la ira y la incomprensión de Polixeno. Únicamente la huida de los jóvenes a Sicilia, en realidad, el regreso de Perdita a su tierra natal y al palacio de su verdadero padre, conciliará mediante la socorrida anagnórisis teatral el destino de los amantes con el beneplácito de ambos reyes, recompensados por el destino con la renovación de su amistad y el milagro de que la estatua de la reina Hermiona cobre vida.

No es verdaderamente la sutileza del argumento lo que hará que el espectador se enamore de este Cuento de invierno de la prestigiosa compañía británica Cheek by Jow (en idioma original con subtítulos). Será su puesta en escena eficaz, mágica y extraordinariamente enérgica lo que cautivará sin duda a los asistentes.

No es verdaderamente la sutileza del argumento lo que hará que el espectador se enamore de este Cuento de invierno de la prestigiosa compañía británica Cheek by Jow (en idioma original con subtítulos). Será su puesta en escena eficaz, mágica y extraordinariamente enérgica lo que cautivará sin duda a los asistentes. Declan Donnellan, su director, se acerca respetuosamente al texto shakespeariano pero no duda en intervenir siquiera sutilmente para mejorar sus mecanismos. De hecho, suprime la escena inicial ya mencionada, inútil desde un punto de vista escénico moderno, cuando ni afortunadamente hay que acallar al gentío ni dudar de su competencia para seguir el argumento. Más poética resulta la incorporación de una mujer anciana que teje de espaldas a los espectadores mientras estos van ocupando sus butacas. Es la anciana que reaparecerá emotivamente al final de la obra  y que es otra imagen de un personaje ya mencionado aquí (no desvelemos la acción). Una última intervención endurece los perfiles de la relación entre el rey Leontes y su hijo, quienes juegan y se admiran a la vez que el padre golpea al hijo o este descarga sobre las tablas un ataque de ira que va más allá de la cotidiana rabieta infantil.

A WINTER’S TALE

Estas exigencias físicas están en consonancia con una presentación que se quiere extremadamente enérgica y que tiene en el ritmo corporal de los actores una de sus grandes bazas. De la acción reposada, ralentizada incluso, de gesto sutil, se pasa al movimiento frenético, al impulso que parece llevar al cuerpo tras la voz. Con Donnellan el actor expresa su potencia física sin caer por ello en teatralizaciones burdas, por excesivas o por vacías de contenido. Sus actores son actores de teatro y no actores en un teatro. La potencia de su acción y a la vez la profunda aceptación de tal verdad interpretativa, y por tanto técnica, dan consistencia y sabor auténticamente teatral a la representación.

Precisamente es en la relación entre duración y gesto donde el director consigue una excelente armonización entre texto y puesta en escena. Resulta bien conocida la opinión de Harold Bloom que vincula la modernidad y el genio de Shakespeare a su talento para que los personajes se vayan haciendo a sí mismos en una especie de monólogo interior casi infinito que, en sus dudas, en sus reflexiones, en sus delirios, en sus contradicciones, despliega sus (nuestras) veladuras interiores y hace de las creaciones shakespearianas seres alzados en escena y referentes futuros a la hora de ficcionar, de imaginar, a los hombres. Con frecuencia más que medida, Donnellan lleva estos soliloquios a un no-tiempo congelando la acción y objetualizándola para que sirva de referente obsesivo del personaje hacedor de sí mismo y problematizado a través de sus tribulaciones psíquicas.

A WINTER’S TALE

La sugestión definitiva la consigue el espectáculo gracias a una puesta escena tan sobria como mágica. Un contenedor blanco, una especie de caja de ilusionista en medio de una escena despojada, sirve como decorado, como fondo de proyección, como lugar de encuentro, como nave, como instrumento sonoro en sus aperturas y cierres… Cada escena se articula en torno a ese lugar mágico, que como antiguo armario de maravillas, proporciona casi todos los elementos necesarios para que la ilusión teatral sea consistente.

Cada escena esta apurada hasta sus últimas consecuencias: la lectura del oráculo se convierte en un juicio sumarísimo potenciado a través de un ejercicio coral y de primeros planos rodados en directo; la fiesta de los jóvenes amantes es tratada con la alegría de canciones y selfies, pero igualmente con la impostura y la desfachatez de un reality show. Lástima que la dureza con que se expresan las primeras escenas haya barrido el encanto irresistible, que justifica sólo en parte los celos del rey, con que Hermiona ruega al invitado que permanezca unos días más en su compañía: «prisionero mío o huésped».

La sugestión definitiva la consigue el espectáculo gracias a una puesta escena tan sobria como mágica. Un contenedor blanco, una especie de caja de ilusionista en medio de una escena despojada, sirve como decorado, como fondo de proyección, como lugar de encuentro, como nave, como instrumento sonoro en sus aperturas y cierres… Cada escena se articula en torno a ese lugar mágico, que como antiguo armario de maravillas, proporciona casi todos los elementos necesarios para que la ilusión teatral sea consistente.

Es así, con la convicción en la fuerza actoral y en la ilusión escénica, como la compañía británica sostiene más de dos horas de un espectáculo sobre la locura y la redención, sobre segundas oportunidades que, en realidad, ayudan pero no libran al ser humano de sobrellevar la culpa y la desgracia.


Las citas pertenecen a la traducción de Marcelo Cohen en William Shakespeare. Romances, Vol. IV de Obras completas, Penguin Clásicos, Edición de Andreu Jaume.


A WINTER’S TALE

Winter`s Tale

Autor: William Shakespeare
Espectáculo en inglés con subtítulos en español
Dirección: Declan Donnellan
Reparto: Grace Andrews, Eleanor McLoughlin, Natalie Radmall-Quirke, Joy Richardson, Edward Sayer y otros.

28 de febrero de 2017
Auditorio del Centro Internacional Niemeyer
Avilés (Asturias)

Autor: jaime priede

Editor de elcuadernodigital.com y autor del libro de poesía "El coleccionista de tarjetas postales" (Deva, 2000), de ensayo "Dejad que baile el forastero" (Bartleby, 2006) y de la novela "Un buzo en el bosque" (Malasangre, 2015).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s