Poetas en la librería Cervantes (II)

Sigue adelante el ciclo de lecturas que se celebra cada martes del mes de marzo en la Librería Cervantes de Oviedo y en el que intervienen poetas que han publicado recientemente un libro en Trea Ediciones.

La poesía también tiene su día mundial. Para no desmerecer del tópico, el Día Mundial de la Poesía es el 21 de marzo. En fin, el caso es que durante ese día el lenguaje poético y sus alrededores reciben un homenaje popular o, al menos,  adquieren una relevancia que no podrían soñar el resto del año. Si el slogan oficial incita a una reflexión (durante ese día) sobre el poder del lenguaje poético y las posibilidades creadoras de las personas, los diferentes actos poéticos que se celebran por todo el mundo adquieren una resonancia festiva y más o menos reivindicativa. Resulta tranquilizador, incluso alentador, suponer que el mismo día y en el mismo momento se están celebrando lecturas poéticas y charlas con poetas en Windhoek, Namibia, y en la Librería Cervantes de Oviedo, Asturias, España.  ¶  Vinculado a esta efeméride, sigue adelante el ciclo de lecturas que se celebra cada martes del mes de marzo en la Librería Cervantes de Oviedo y en el que intervienen poetas que han publicado recientemente un libro en Trea Ediciones. La estructura de los actos altera el molde habitual a favor de un dinamismo cuya  factura es perceptible a simple vista: tres autores charlan con un moderador y leen sus poemas de forma distendida. En esta segunda jornada, que se celebrará el próximo martes 14 de marzo a las 19:00 horas en el Foro Abierto de la Cervantes, intervendrán el pintor Melquiades Álvarez, autor de La vida quieta (Trea, 2015), su único libro de poesía hasta el momento; César Iglesias, periodista de profesión y miembro del consejo de redacción de El Cuaderno, autor del reciente Lengua del duelo (Trea, 2016), y Ricardo Labra, autor de Hernán Cortés, n.º 10 (Trea, 2014) y El poeta calvo (Trea, 2016) que cuenta con una dilatada trayectoria en el ámbito literario. Seleccionamos un poema de cada uno de ellos y les proponemos nuestro cuestionario sobre su labor creativa y el marco cultural en que se produce. En este último caso, El Cuaderno cede el espacio que cada autor o autora estime oportuno comparta o no sus valoraciones.


Cuestionario

1.- ¿Hasta qué punto estás satisfecho con tus libros publicados hasta el momento?

2.- ¿Te ha proporcionado la escritura poética un plus de intensidad vital que no habrías tenido sin ella o la consideras como algo más accidental, una especie de juego creativo con menor incidencia en tu vida?

3.- ¿Qué aspectos positivos y negativos presenta, desde tu punto de vista, la vida cultural en asturias actualmente?


Melquiades Álvarez

(Gijón, 1956)

melquiades

1.- Solo he publicado un libro, La vida quieta, editado por Trea en 2015, y gracias al empuje del editor a partir de una opinión que le solicité sobre mis poemas, escritos a lo largo de los años y sin ninguna expectativa de darlos a conocer. Al releer el libro, creo que me representa en su claroscuro. Además, con la perspectiva que me permite su publicación, también establezco diferencias de calidad o intensidad entre poemas, cuando antes apreciaba más el conjunto.

2.- La escritura, no solo de poemas, viene a mí, casi siempre, como reflexión muy relacionada con los motivos de mi obra plástica. La finalidad de esa escritura consiste en desvelar un mismo ambiente y complementar con palabras aquello que las obras sugieren.

3.- La vida cultural en Asturias sigue siendo muy dependiente de lo oficial. Me gusta ver formas mas libres, la gente que se reúne para hacer música, leer poemas o disfrazarse por su cuenta. Para destacar un aspecto negativo, citaré, inevitablemente, la Laboral, que nació y creció de espaldas a los ciudadanos y a los artistas locales, seguramente porque estos no están, no estamos, a la altura de cosa tan fina e internacional. Nunca me he creído que cada autonomía deba tener su “centro internacional de arte” para no ser menos que el resto. Esos lugares desabridos son una especie de franquicia por donde se pasean siempre los mismos nombres que imponen los que mueven ese mundo. Hay un complejo de inferioridad en Asturias con respecto a la modernidad que lanza premios a los cuatro vientos y contrata a directores o directoras para que hagan un alto en su carrera ascendente y vengan a esta región, de buen yantar y vida apacible,  a “orientar” políticas culturales que algo dice que no funcionan por mucho que se dilapiden los fondos públicos para lograrlo. Tal vez la ciudadanía esta más orientada de lo que se cree. Se echa mucho de menos amor y atención a lo conseguido y asentado, como los museos o los monumentos, en una región digamos no rica. También más humildad y capacidad de escucha.


NOCHE ESTRELLADA

La noche en el páramo sobrecoge y llama.

Las últimas luces del camino se detienen.

Solos dejan nuestros pasos adentrarse

en la negrura opaca y honda donde tropezamos

con las piedras y con seres envolventes

que nos hablan al oído.

Detenidos, escuchamos los silencios de la noche,

la ocasional voz de la tierra y la inmensa música

callada del cielo salpicado de luz indescriptible.

Algo de esa luz va llegando a aclarar nuestro suelo,

el de nuestros pies y su fundamento.

Y en voz íntima, de adentro, la noche dice: aprended.

Aprended de las estrellas a estar

juntos,

solos,

expectantes.

[La vida quieta, Trea, 2015]


Ricardo Labra

(Langreo, 1958)

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fotografía: © Ana Jambrina Huete

1.- A los poetas se les suele recordar, salvo alguna egregia excepción, por el conjunto de su obra poética. Es como si cada poeta sólo fuera el autor de un solo libro que hubiera ido escribiendo a lo largo de su vida y que, por lo tanto, sus sucesivos libros tan sólo hubieran cumplido la función estructural de los capítulos que definitivamente lo conforman. Cierto es que los poetas suelen escribir poemas y no libros de poesía, por lo que esta característica funcional, desde el aspecto creativo, contribuye y facilita decisivamente—y de qué modo— su reordenación en sucesivas reediciones y antologías, así como la integración definitiva de los mismos en la interpretación unitaria de una obra poética. Los poetas son plenamente conscientes de la configuración de sentido que adquiere su obra poética a lo largo del tiempo; de ahí que muchos de ellos, impelidos por una urgencia compiladora, se precipiten por reunir su obra completa —incluso antes de los cincuenta años—para no dejar esta labor integradora en las manos espurias de algún que otro crítico literario. Si bien, también existen poetas que se mueven en sentido contrario —cansados de su personaje poético y del agotamiento de su sujeto expresivo— con la intención de quebrar el carácter unitario que inexorablemente adquirirá su escritura poética por muy heterogéneos que sean sus libros. Entre los precursores de estos poetas se encuentran con todo merecimiento Fernando Pessoa y Antonio Machado, quienes a través de sus heterónimos puede que hayan logrado —con mayor y menor fortuna— sustraerse de sus personajes poéticos pero no disolver en los mismos su(id)entidad poética, por lo que su corpus poético también ha llegado a adquirir inconfundibles tintes unitarios.En este aspecto creativo, el poeta se diferencia esencialmente del novelista; el poeta nunca escribe libros, sino que siempre está escribiendo el mismo libro, reescribiéndolo —a veces encubiertamente— a través de cada nuevo poema. Pienso por ello que en mi caso —como he tratado de evidenciar con este largo exordio—  la relación creativa que mantengo con mis libros es sobre todo de índole dialéctica, ya que sobre sus diferencias temáticas e incluso formales subyace  un modo de entender la poesía  —y de vivirla y profesarla— como una instrumental manera de poner en orden los significados emocionales de una vida.

2.- Tal vez por lo que te comentaba en la pregunta anterior,  no haya considerado nunca la poesía como un juego accidental en sus revelaciones, sino que siempre he considerado —para decirlo al modo de Gil de Biedma— que en el incidental  «juego de hacer versos» (de leer versos) se dirimen develadoramente algunas de las cuestiones esenciales de nuestra biografía y de ese otro que desde su alteridad nos prefigura y al que también prefiguramos.

3.- Hace tiempo que he abandonado lo que se conoce como «vida cultural», quizá por ello no deje de sorprenderme —en sus diversas manifestaciones artísticas— la vitalidad creativa de una comunidad autónoma sumida inveteradamente en una estructural crisis económica, social y política.


FUEGO EN EL CREPÚSCULO

Es primavera y bien lo sientes.

De tus manos agrietadas
brotan las hojas verdes
con frescura.

Te agradaría si no fueran
demasiado dolorosas
sus verdes quemaduras.

Es primavera en los muñones
de tu memoria

y bien que lo sientes.

[Los ojos iluminados, Col. Deva, 2003]


César Iglesias

(Mieres, 1961)

Nueva imagen

1.- La insatisfacción está en el portaequipajes de cualquier labor creativa. Lo debería estar, al menos, si hay una pulsión sincera de aportar algo. De ahí la reescritura maníaca a la que muchos autores someten sus textos, hasta el punto de hacerlos casi irreconocibles. Pero este malestar con la propia obra tiene una consecuencia positiva: el lector obtiene por el precio de uno, dos o más productos (permítaseme el dialecto mercantil). En el caso que nos ocupa, la insatisfacción es irrelevante: siempre me ha acompañado. Difícil sería explicar, entonces, cómo un tipo en la cincuentena, que lleva décadas de escritura secreta (por no decir vergonzante), decide dar a la imprenta dos libros en un mismo año. La insatisfacción es una condición necesaria en cualquier labor creativa, porque ese estado es el que anima a enmendar lo hecho hasta entonces en un intento vano de borrar las huellas dejadas y a seguir en el camino. Esta es una de las múltiples paradojas de la escritura poética y, como bien dijo el maestro Charles Simic, “sin sus numerosas contradicciones y su impertinencia, la poesía sería tan blanda como un sermón del domingo o el discurso de un presidente”.

 2.- La dedicación profesional a la escritura me ha obligado a ejercer una especie de concubinato. Había un oficio público que contribuyó a frecuentar palabras e ideas y a relatar un pasado inmediato o un presente, sometidos ambos a la tiranía de la fugacidad. Había, por otra parte, una tarea clandestina que manejaba las mismas herramientas, pero con otras aspiraciones distintas al relato cotidiano y notarial de lo perecedero. La escritura bígama se hizo tolerable, porque compartían la misma aspiración: perpetuar algunos instantes capaces de inducir a pensar y sentir más allá de la realidad perceptible. En ello estamos.

3.- Me disgusta hablar de Asturias como un concepto homogéneo. La diversidad está en el diagnóstico de la realidad sociocultural de este territorio norteño. Por tanto, bueno será huir de los absolutos y mejor nos irá si optamos por acercarnos a una interpretación abierta del quehacer creativo de los habitantes con gabardina y paraguas que pueblan estas tierras.

Y pronunciarse sobre las realidades culturales de los asturianos exige acudir a la ciencia, porque la situación demanda diagnóstico médico. Asturias presenta diversas patologías, como la mayoría de las comunidades sociales, pero nuestra singularidad es fruto de una perversa conciliación de grandonismo -la variable más faltosa del babayismu– y cualquiera de las formas conocidas de auto-odio. Y eso sólo ha generado atrofia social.

La obsesión por madrileñear está en el origen del tullimiento que soportamos, más cuando desde estas tierras hay vistas privilegiadas al entorno del noroeste ibérico -la República del Poniente, que nos gusta decir a algunos- y a las capitales europeas norteñas, que están a poco más de una hora de avión. Son esos horizontes de pluralidad lingüística y de pensamiento abierto los que nos pueden alejar de cierta caspa castiza de achicoria y mesa camilla. Pero ya se sabe que el cosmopolitismo, esa afán integrador de lo particular con lo universal, exaspera a los millánastray de nuestros días.

Un patrimonio arqueológico y artístico singular y aventajado, una tradición intelectual difícil de encontrar en el ámbito hispánico, desde los ilustrados del XVIII a los regeneracionistas del XX, una convivencia creativa fructífera de tres lenguas (asturiano, gallego-asturiano y castellano) o una red de infraestructuras públicas (museos, bibliotecas y auditorios) insólita para una geografía liliputiense, son algunos de los elementos que conforman un espacio aventajado para la fertilidad creativa. La generación contemporánea de pintores, escultores, dibujantes de cómic, escritores, músicos, cineastas o diseñadores que trabajan desde Asturias con catalejos globales atesoran una vitalidad insólita para un espacio demográfico que no supera al de un barrio de cualquier gran capital europea. Y, sobre todo, con una calidad y creatividad insospechada y que acepta cualquier prueba del algodón.

Y todo ello pese a la toxicidad ambiental, a ese CO2 social capaz de acabar con cualquier ecosistema creativo. Los cainismos locales, uno de los tumores que nos corroe y con una capacidad insólita de desatar metástasis, amenazan con sepultar en tierra baldía las semillas mejor dotadas. ¿Alguien se acuerda de un tipo singular, un tal Gabino de Lorenzo, aficionado al boxeo, los toros y los espectáculos de Arturo Fernández, que fue capaz de tumbar la presentación de una candidatura a Capital Europea de la Cultura que incluyese a toda el área metropolitana asturiana porque su chovinismo de caleya le impedía ver más allá de sus vetustos dominios? Valga este ejemplo -eso sí, he optado por el más soez- para ilustrar que tratado de sociopatías se debería consultar.

Es un lastre que se persevere en la incapacidad de ver que el ‘Asturias is different’ cultural puede contribuir a trasladar una imagen de una comunidad civilizada, con una personalidad singular no excluyente, con unos niveles educativos por encima de la media europea y con un dinamismo similar al de los principales polos creativos de nuestro entorno. Y si los argumentos de amor propio identitario y de respaldo a los creadores residentes en estos dominios del orbayu pueden parecer insuficientes, las autoridades públicas deberían pensar en qué medida la cultura es capaz de contribuir a generar riqueza, sea con los requisitos del PIB (Producto Interior Bruto) o los del FIB (Felicidad Interior Bruta). Ambos nos valen.

Mientras tanto, parafraseando al sabio asturleonés Antonio Gamoneda, el óxido  no sólo sigue posado en nuestras lenguas, sino que persevera en su labor corrosiva y amenaza con extenderse al resto de los órganos. Y así nos va.


NATURALEZA MUERTA

 Recorrimos los bosques de los galgos

ahorcados.

Lugares donde crecen

las retamas con ira y los arbustos

que ocultan el rubor de los furtivos.

Vagamos por las tierras que conocen

los últimos aullidos y los huesos

quebrados por la furia del esparto

a los amaneceres homicidas.

En tiempos de quijadas y escopetas

se espera la ternura del verdugo

para amasar un odio sepulcral.

¿Cómo es posible estar en descampados

donde la niebla oculta tanta muerte?

¿Cómo se hace posible sucumbir

a los amaneceres con pecados?

Los saben estos hombres clandestinos

con esa biología sin clemencia.

Lo saben bien y esperan la acidez

de la sangre en la boca y ese último

estertor deseado. La resina

del pinar es testigo vegetal

de sombras asesinas y cómplice

de la soga que ajusta la agonía.

Volvimos a los bosques de los galgos

ahorcados con esa pena tibia

de los parajes donde perecer

se hace hábito y cáliz de pecados.

[del libro inédito Donde nunca sombra]


Poetas en la librería Cervantes de Oviedo (I)


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Autor: jaime priede

Editor de elcuadernodigital.com y autor del libro de poesía "El coleccionista de tarjetas postales" (Deva, 2000), de ensayo "Dejad que baile el forastero" (Bartleby, 2006) y de la novela "Un buzo en el bosque" (Malasangre, 2015).

2 comentarios en “Poetas en la librería Cervantes (II)”

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