Elle Belga: refugio y euforia

Desde una notable contención rítmica, tanto en sus versiones de canciones ajenas como en las composiciones propias, José Luis García, miembro de la desaparecida banda gijonesa Manta Ray, y Fany Álvarez reivindican la máxima pureza de estilo, la búsqueda de lo esencial, aquello que se pueda defender en directo sin ayudas externas, empastando sus voces, dejando espacios al silencio entre guitarras y bombos.

Elle Belga, dúo asturiano formado por José Luis García y Fany Álvarez, mantiene una propuesta musical exigente en los cuatro álbumes publicados hasta el momento. Su apuesta sin concesiones evoluciona desde presupuestos muy originales que vienen a ocupar un territorio nada trabajado en el ámbito nacional. “Reafirmarse en unos principios vitales y musicales innegociables. Entender que muchas veces menos es más y que el silencio puede ser tan poderoso como el ruido”. Así comenzaba la hoja promocional de Euforia,  su cuarto álbum en común, un disco en que la máxima minimalista se lleva a sus últimas consecuencias. Una rara avis en España cuyo trabajo empieza a difundirse de manera excelsa entre un público dispuesto a poner todos los sentidos en ello. No conquistarán a las masas, son conscientes de ello, pero cautivarán a quienes les presten un mínimo de atención. Desde una notable contención rítmica, tanto en sus versiones de canciones ajenas como en las composiciones propias, José Luis García, miembro de la desaparecida banda gijonesa Manta Ray, y Fany Álvarez reivindican la máxima pureza de estilo, la búsqueda de lo esencial, aquello que se pueda defender en directo sin ayudas externas, empastando sus voces, dejando espacios al silencio entre guitarras y bombos. Posiblemente nadie pueda llegar más lejos que ellos con esos atributos.


Belén Suárez Prieto, firma habitual de El Cuaderno que en la nueva etapa digital se moverá entre la sección de Música y la crónica de viajes, escuchó por primera vez a este dúo en el homenaje a Leonard Cohen celebrado en el Teatro Jovellanos de Gijón a finales de octubre de 2011. Al día siguiente, les seguía la pista en el concierto que Elle Belga ofreció en el Paraninfo de la Universidad de Oviedo. Esta es su crónica personal de un descubrimiento.


Elle Belga
Elle Belga: Fany Álvarez y José Luis García / fotografía: ©Alfredo Arias 

Elle Belga: la luz de la trinchera

 / por Belén Suárez Prieto /

Leonard Cohen, camino y diligencia

El 19 de octubre de 2011, el poeta y músico Leonard Cohen, Premio Príncipe de Asturias de ese año de las Letras, estuvo en el teatro Jovellanos, de Gijón, para ser homenajeado. Desde uno de los palcos, enjuto, modesto, tocado, el maestro canadiense siguió el espectáculo, distintas interpretaciones, distintos intérpretes, de sus letras. Fany Álvarez fue la conductora.

Ese día, conocí a Fany Álvarez y supe que no pudo haber mejor elección para presentar un homenaje a Leonard Cohen, el exquisito, elegante, lacerante juglar. Porque Fany es igualmente exquisita, elegante y lacerante, cuando empuña la percusión, en las narraciones insertas en sus canciones, en su voz haciéndolas para sí.

Fany Álvarez y José Luis García (Josele, que estuvo en Manta Ray, guitarra y voz, banda respetadísima) son Elle Belga. Y Elle Belga cantaron al día siguiente del Jovellanos, esta vez en el Paraninfo de la Universidad de Oviedo —otro homenaje más al maestro, First We Take Milán—, “Who by Fire”. Fue ahí mi descubrimiento de Elle Belga, de Fany y Josele. En esa interpretación de la canción de Cohen llena de fuerza. En ese grito de Fany, desgarrado, al final casi de la canción, de quién, quién por el fuego.

Primero fue Fany al margen de Elle Belga, luego fueron Elle Belga en las letras de “Who by Fire”, y empezó ahí, como todo a lo que me conduce Cohen, camino y diligencia al tiempo, un recorrido por un directo no pródigo, en acústico o con las alas desplegadas; por sus discos, por su estética elegante y contenida.

Por sus canciones, al fin. Por sus canciones suyas y por las hechas suyas y escritas por otros, en la mejor tradición del mester de juglaría. Por sus canciones suyas, porque son canciones hilvanadas en una coherentísima intensidad llena de espacios reconocibles, llena de belleza; llena de vocativos que llaman al amor, llena de te quiero.

(Elle Belga, cuatro álbumes: 1971 (2009), 1507 segundos prestados (2012), publicados por Acuarela; Refugio (2013) y Euforia (2016), en Gran Derby Records).

Las salamandras y las manos rotas

Conocí a Elle Belga como banda con su tercer disco, el primero con su compañía de ahora, Gran Derby Records, Refugio. Le compré el vinilo a Josele en un concierto acústico en el Café Paraíso, en Oviedo, en mi primer concierto de Elle Belga. En el Café Paraíso, en su anterior ubicación, en la calle Paraíso, disfrutamos acústicos en ese mejor lugar del mundo, enfrente de la muralla ovetense, con los ojos curiosos de las salamandras, que son las primeras moradoras.

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Elle Belga. Portada de “Refugio”, 2013

Cuando Jesús Colino nos invitaba a su casa a escuchar música, siempre como experiencia exquisita, las salamandras que habitan la muralla nos dejaban pasar, comprensivas de las cosas que nos ayudan a vivir de Fito Páez, y ellas se asomaron a la muralla para escuchar a Fany y a Josele.

Y escucharon conmigo “Tus manos rotas”, de Refugio. Y conmigo empezaron a temblar, al pensar en el dolor de unas manos rotas, al mirarnos las manos aparentemente intactas, pero que empezamos a sentir rotas. Y quien siente el dolor de las manos rotas, aun intactas, las mira, para, a continuación, levantar la cabeza y seguir escuchando a Fany y a Josele cada cual en su lado del micrófono, entiende, entendí que aquello que me hipnotizó en los días en que me zambullí en el universo Cohen se confirmaba, que la propuesta musical de Elle Belga es originalísima, reconocible en sí, de una calidad fuera de dudas y, sobre todo, y por eso, nada complaciente, de la estirpe de los exploradores que merecen este nombre, que se adentran, desbrozando a machetazos, en la selva. Del soldado raso que se llena de barro, de sudor, de heridas abiertas, por donde entran el barro y el sudor, en la trinchera.

Los cuatro álbumes de Elle Belga son excelentes y recomendables de todo punto. Yo los descubrí con Refugio, avancé con Euforia y retrocedí con 1971 y 1507 segundos prestados. Son los modos de tropezarse con la música. Hay bandas o solistas que conocemos desde sus inicios y sucede a veces, en cambio, que nos los tropezamos a la mitad o al final… Qué más da. La cosa es seguir avanzando y descubriendo, antes o después. Daré por bien empleadas estas letras si, además de devolver en pequeñísima parte lo que la música, en este caso, la de Elle Belga, me da, sirven para que alguien descubra su universo, tan reconocible, en el día a día y en el momento de la duermevela.

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Elle Belga. Portada de “1971”, 2009
El taller de orfebrería

Fany y Josele, pareja en la música y en la vida, si es que música y vida son dos lugares diferentes, trabajan en la casa. Cuentan, cuando se les pregunta, que trabajan en la casa, por separado, para hacer canciones. Como conviven, la dedicación es constante, en cualquier momento pueden trabajar, no dependen de horarios ajenos. Trabajan como orfebres, pues su trabajo artesano alumbra alhajas preciosas en forma de canciones que forman álbumes, cuyo contenido, como en todo álbum que se precie como obra artística, y no como mero objeto mercantil, hay que escuchar seguido, completo, por su orden. Pero si descubren a Elle Belga como yo, antes en los conciertos que en los álbumes, y además de las alhajas propias escuchan las ajenas que hacen propias, y por esto, encontrarán un universo que enseguida se hace reconocible, enmarcado por la guitarra y la percusión, reconocible en lugares tan familiares, a la vez, lugares físicos y ensoñadores, llenos de realidad y de niebla: el pueblo, en Euforia, los veranos en el pueblo, ya sabéis cómo es el pueblo. Y lo sabemos, ¿verdad? Lo sabemos porque lo conocemos, porque lo pensamos, como nos reconocemos en el romancero, en cuya interpretación Fany y Josele son un eslabón más de la riquísima tradición poética y musical castellana.

Fany y Josele trabajan en sus letras por separado, de la música se ocupa fundamentalmente Josele, y luego ponen en común lo hecho. Su estudio, dicen cuando se les pregunta, es un taller de artesano, otra vez los workers in song que habitan el hotel Chelsea, otra vez Cohen, camino y diligencia.

Si son artesanos, son orfebres, y su estudio es taller de orfebrería.

1507 segundos prestados es un álbum de versiones, de ahí su título, 6 canciones, 25 minutos, 1507 segundos de canciones interpretadas antes por otros, incluso “Sol”, de Manta Ray, interpretada por otros, canción magnífica por igual, introducida por el theremín de Nacho Vegas o en la voz de Fany Álvarez.

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Elle Belga. Portada de “1507 segundos prestados”, 2012
Euforia

Euforia es el último álbum de Elle Belga, muy reciente, de hace apenas unos meses. En la canción titulada así, dicen no conformarse con la felicidad, reivindican euforia, en cada nota, en cada despedida. Fany y Josele explican que el inconformismo de la felicidad y la reivindicación de la euforia se originan en una tira de Calvin y Hobbes, en la que Calvin exclama que ya no le basta con la felicidad, que exige la euforia.

Qué reivindicación tan pertinente, como la formula Elle Belga en su canción y como la explican en sus entrevistas, qué reivindicación tan necesaria, en estos tiempos de reivindicación, también, de felicidad tontorrona, individualista y egocéntrica, de felicidad como solo objetivo vital, vacío de todo. La euforia para Elle Belga es estar en estado de exigencia, de tensión, de inquietud, en estado de pasión en alerta.

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Elle Belga. Portada de “Euforia”, 2016

Y así es su último disco, repleto de imágenes bélicas, expresadas en vocabulario de guerra, derrotas, victorias, estrategias, paces. Su disco, depurado de arreglos, libre de lo que para Fany y Josele era accesorio, en los álbumes anteriores. Percusiones, guitarras y samplers para enmarcar la voz, qué se canta y de qué manera, para que lo que escuchamos reproducido, en casa, en el coche, por la calle, suene como lo que escuchamos en un concierto de Elle Belga, en esos conciertos a los que aconsejo que vayan, si tienen ocasión, esos conciertos que no han de ser muy largos por su exigencia, la exigencia de las canciones de Elle Belga, esos conciertos que dan en escenarios que parecen fabricados para ellos, en salones barrocos de museos, pero también en salas underground, y en cafés acogedores, mientras las salamandras, fuera, apoyadas en la muralla, que es su casa, observan y aprueban, ladean la cabeza para escuchar mejor.

Fany y Josele han salido de la casa para grabar el álbum y lo han grabado, además de en su estudio doméstico, como siempre, en el Estudio Acme, con Miguel Herrero.

La trinchera

Elle Belga, desde su página de Facebook, en sus publicaciones, siempre se despiden mandando saludos desde la trinchera. En ocasiones, comparten cosas de sus compañeros de trinchera.

En Euforia, hay una canción, “La trinchera”:

El barro de la trinchera nos protege, nos alimenta.
La luz de la trinchera nos calienta, nos alimenta.

ELLE BELGA TRINCHERA

Leo a Fany y Josele y aprendo que la trinchera la habitan los pequeños dentro de las fauces enormes de la industria musical, quienes tratan de seguir adelante con sus propuestas, aunque estas no sean carne de radiofórmulas ni de sintonías publicitarias mil veces emitidas ni se atengan a lo manido y sencillo

Cuando, hace unos meses, me puse en contacto con Fany y con Josele para decirles que quería escribir acerca de Elle Belga y les expliqué que tenía la necesidad de hablar de su música, voz personalísima y preciosa en la escena, y que atrapa como la voz de las sirenas, me dijeron que lo que yo pretendía era también la trinchera.

Leo a Fany y Josele y aprendo que la trinchera la habitan los pequeños dentro de las fauces enormes de la industria musical, quienes tratan de seguir adelante con sus propuestas, aunque estas no sean carne de radiofórmulas ni de sintonías publicitarias mil veces emitidas ni se atengan a lo manido y sencillo. Quienes, además, promocionan, editan, difunden esa música, ajena al vaivén de la gran industria. Y en la trinchera, a veces, se ganan batallas, pequeñitas, pero se ganan, y en esta victoria está lo que se necesita para seguir.

En mi caso, en mi hueco en la trinchera, con los ojos apenas entreabiertos por el polvo, que también mastico, como he dicho unas líneas más arriba, mi recompensa es, por este medio, devolver en una pequeñísima parte lo que las canciones de Elle Belga, las suyas y las prestadas, me ayudan y me enseñan; en ello sigo, en el aprendizaje. Y mi recompensa, asimismo, será si ustedes, que han tenido la amabilidad de llegar hasta aquí en su lectura, y no conocen o apenas a Elle Belga, si ustedes, después de estas líneas, deciden acercarse a su música, reproducida o en conciertos. Si lo hacen, encontrarán espacios conocidos, vistos entre nubes, declaraciones de amor, romancero. Encontrarán euforia, felizmente, nada acomodada, en forma de piezas delicadísimas llamadas canciones, salidas de las manos orfebres.

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Elle Belga / fotografía: ©Alfredo Arias

 

 

Autor: El Cuaderno

Desde El Cuaderno se atiende al más amplio abanico de propuestas culturales (literatura, géneros de no ficción, artes plásticas, fotografía, música, cine, teatro, cómic), combinado la cobertura del ámbito asturiano con el universal, tanto hispánico como de otras culturas. Un planteamiento ecléctico atento a la calidad y por encima de las tendencias estéticas.

2 comentarios en “Elle Belga: refugio y euforia”

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